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lunes, 16 de febrero de 2009

El Oportunista.

“A LA ENTRADA DEL CAFÉ

Algo que dijeron al lado mío
dirigió mi atención a la entrada del café.
Y vi el hermoso cuerpo que parecía
como si el Amor lo hubiese forjado con su más consumada
experiencia -
plasmando sus armoniosas formas con alegría,
elevando esculturalmente la estatura;
plasmando con emoción el rostro
y dejando a través del tacto de sus manos
un sentimiento en la frente, en los ojos, y en los labios”.

Konstantin Kavafis.


Para Shirley.

Generalmente iba al lugar donde yo estaba todos los fines de semana, antes de su llegada todo era normal, risas por doquier como ríos de agua viva, el humo acompañado de las cervezas se hacía más llevadero, sin embargo aparecía y su presencia invadía todo lo que se respiraba, de lejos muchas veces la había observado. De un trago largo de cerveza terminaba con el contenido de la botella, sumando a esto un absorber prolongado del humo del cigarrillo hacían que mi cuerpo tomara fuerzas para no desfallecer al momento que ella pasase por mi lado, ahí es cuando decidí evitar ese momento y prontamente me desplacé hacia el bar de Joaquín a tomarme un ron y escuchar cualquier canción de “salsa clásica” la cual me ayudara a despejar los pensamientos, es extraño, pero su presencia hacia perder los estribos de mi mente y de una manera rápida, las palabras eran pocas para construir poemas sobre ella en mi cabeza.

Lo que mas me asustaba era su voz, solo la había escuchado una vez y me parecía escuchar el canto de los ángeles que entonaban himnos de gloria para el creador, en este caso, su voz hacia que el cielo sintiese envidia de los vivos quienes robaron a su mas melodioso y dulce ángel para encantarlos simplemente con sus palabras, desde el día que escuche su voz sonido alguno pude escuchar, ahora su cabello perfecto, lo comparaba con esa imagen que tenia de las vírgenes partenas del templo de la diosa Atenea, donde ellas daban como ofrenda su castidad y su cabello, símbolo de perfección, mas, también, estaban sus ojos, estos parecían pequeños, al tiempo que emanaban de ellos un brillo inconmensurable y los mostraba cuan luceros que llaman al alba, pero existía otra parte importante de su cuerpo, su cuello ¡Oh Dios mío! ¡Su cuello! Con ese tatuaje natural, mapa que llevaba al tesoro mas preciado para cualquier hombre, estaba guardado bajo su piel, es un secreto que solo ella, aun, sabe y su mapa lo esconde.
El resto de su cuerpo representaba de manera viva esa creación en la que él viendo que todo era bueno, finalmente descansó.

Pero anoche, sin esperar su llegada -ya me había enterado que no iría- apareció de la nada en el café-bar, hablaba con Juaco cuando la vi, estaba por ahí a unos ocho o nueve metros de mi, me daba la espalda y yo, como siempre, quede petrificado por esa revelación divina que generalmente se convertía en un hecho numinoso al verla. Se deslizo rápidamente hacia adentro entre las gentes que habían afuera. En un intento de alcanzar su mirada me dirigí rápidamente al café-bar, arrastrado por mis piernas temblorosas, hice lo posible por llamar su atención, pero fue en vano, el esfuerzo termino sin su respectiva paga, es decir, sin escuchar su voz, esto le sucede con frecuencia a aquellos que soñamos con personas lejanas que simplemente se ven mas no se tocan.

Me quede de pie en la entrada del café-bar, de manera impaciente, hice todos los esfuerzos para volver a ser el que era, mas era una empresa titánica, ella estaba allí, bajo el mismo techo, en el mismo lugar, conmigo, pero sin mí.
Pase por su lado entre cinco y seis veces con la determinación de saludarla, pero al final me pudo mas el miedo y, esa costumbre necia de mis palabras que cada que sentían su presencia se convertían en poemas que rondaban mi cabeza y que les daba por ser osadas y desear caminar por su piel contándole historias jamás escuchadas por ella y mucho menos por sus poros.

Así me pase toda la noche pensando y con ganas de su voz que salía por esos sus labios rojos, trazaba mentalmente planes mientras le declamaba a su oído sin que los escuchara poemas inspirados por ella, de un momento a otro, sin que lo pudiese notar, la noche que hacia un instante había comenzado solo con la presencia de la diosa, se acaba, prendieron las luces del lugar, era la una y cuarenta y cinco de la madrugada, todos salieron y yo, ansioso en la puerta, esperaba su salida, paso y no me determino, su pantalón blanco o claro con su blusa verde la mostraban como una diosa encarnada, hecha vida, yo la contemplaba y observaba la perfección en ella, al tiempo que se iba hacia… un lugar desconocido, mientas tanto le iba diciendo a mis ganas.
-Otro día será.

3 comentarios:

Visita Guiada dijo...

Genio, bohemio,
tu poema,
es un sueño.

Visita Guiada dijo...

Porfirio barba.

Anónimo dijo...

muchas veces ignoramos lo que nos conviene y desfallecemos ante lo tonto y sin real importancia que vida tan compleja la nuestra...