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lunes, 29 de junio de 2009

Observándolos, Van Y Vienen.


Para Andres Aristizabal,

Jhonnatan Berdugo y

Juan Carlos,

Grandes observadores de la vida.

Me acabo de tomar la primera cerveza de la noche, pido la segunda, cuando uno esta solo en un bar, como lo estoy en el momento –ya que Juliana debió marchar, culpa de la irracionalidad colombiana, por eso ¡Colombia es pasión!-, se piensan tantas cosas, sobre todo si se esta sentado en la barra.

Al tiempo, ves pasar la gente, entran, en multitudes o solos como yo, otros salen… mujeres, hombres, gordas, gordos, flacos y flacas, mechudos, calvos, con gorras, sin gorras, rubias, morenas, pelirrojas, altos, bajos, hombres con rostro de sospechosos, como si un delito atroz los llevase a cargar con esa culpa en sus cuerpos, mujeres sexys y provocadoras, las cuales vos sabes que no podrás poseer ¿o si? Todos van y vienen, es un desfile de seres necesitados, como todos, de algo.

Yo los observo, me detengo poco en las cuestiones oculares, pues las considero aberrantes si uno las vislumbra demasiado, allá en los parlantes hace un instante sonaba “Like Stone”, canción que le dedique hace dos años, en este mismo lugar, a una nena cuyo nombre termina en Ela, Ela sabe quien es; ahora suena “Down” de los Stones Temple Pilots, yo sigo escribiendo, y la gente sigue pasando por mi lado, absortos quizás por algún comentario o, en muy pocos casos, casi alcanzando el Nirvana, culpa de la “conquista” realizada esta noche, otros se quedan riendo aquí, en el bar; ninguno lo sabe, pero la verdad los observo.

Hay cinco tipos en la mesa diagonal a la barra jugando Poker –me hacen recordar a los “muchachos”, así llamo a esos otros tipos que estudiaron conmigo en la universidad y que, siempre que bebemos lo jugamos-, yo esa mierda no la he aprendido a jugar, considero que con ella se le deja mucho a la suerte, cosa en la que no creo, y si juego al Poker, le estoy dando la posibilidad de existir a esa imbecilidad que el hombre ha asumido como verdad. Sin embargo, todo es posible en la vida, todo, incluso de que yo pueda ser otro.

Pensé antes de escribir en hablar de literatura, pero que mas literatura que la habitualidad del hombre, ese que va y viene en los bares, al igual que en las calles, en los buses o en el metro. La habitualidad nos consume, no pensamos en esos cronopios ofrecidos por Cortazar, en esa “sencillez” de la vida ¿Será la palabra correcta? Simplemente nos vamos habituando y ya no pensamos en las cosas triviales o llanas, nos preocupamos mas por las “trascendentales”, sin embargo, nos da igual estar conscientes de que esta mierda que llamamos vida esta hecha de habitualidades.

Eso es la literatura: hablar de lo sencillo y volverlo grande, mejor sigo siendo igual al resto que va y viene en todo lugar, dejo de pensar tantas cosas y me pido la tercera cerveza:

-¡Dame otra por favor!

domingo, 28 de junio de 2009

Danza Rota


“…hay anarquía en mis movimientos

y al mismo tiempo
alguien los controla,
se van cayendo mis ligamentos
yo no puedo ser libre sin vos”.

Soda Stereo.

Las luces golpeaban mis ojos, parecían quemarlos, mientras eso sucedía, me movía de manera anárquica, libre, no tenia poder sobre mi cuerpo; todos también danzaban al ritmo de la canción –de Soda- como dejándose consumir por los sonidos descarados de la guitarra, la batería, el bajo y el sintetizador.

La verdad no deseaba estar así, es decir, solo; ya les dije que todos bailaban –es que suelo ser repetitivo con las frases-, pero, a la vez, se apretaban, se sacudían, rozaban, tocaban, acariciaban en la pista. A un costado del bar me encontraba –parecía escondido en ese rincón- con esos movimientos perturbadores de mi cuerpo, mirando a cada una de las parejas que estaban allí. El calor excitaba cada vez más los cuerpos, mi ser pensaba en Eliana.

-Es un castigo –me decía para justificar la ausencia de ella.

Y para colmo esa maldita guitarra me hacia mover de extremo a extremo.

-Prisionero soy –pensaba- de este ritmo cruel, yo aquí recordándola y bailando esta danza rota ¡quiero escapar!

Daba vueltas y vueltas sin parar en ese pequeño rincón del mundo.

-No soy ser libre ¿Qué carajos puedo hacer?

La había perdido tiempo atrás, no gozaba de la libertad que da la ausencia del amor; necesitaba una pista –por lo menos- para hallarla… ¡danza rota!

-Pero todo andaba bien –me dije-, estoy aquí, con mis amigos, bailando, solo, pero bailando, queriendo moverme así para engañar su cuerpo, ese que no esta ¿Quién sabe que sabanas blancas consumían el sudor de su cuerpo en este momento?

Me movía al ritmo de la canción, quería una cerveza, pero estaba convencido que si salía de ese rincón del mundo, que me lo había auto asignado, la perdería de nuevo de la memoria como la perdí un buen tiempo atrás.

-¡Baila conmigo Samuel!

-¿Qué dices?

-Que bailes conmigo, hazlo como sueles hacerlo siempre.

-¿Cuándo llegaste?

_Hace un buen rato, te observaba desde la barra ¿quieres bailar o no?

-¡Claro! Estaba pensando justo en ti.

¿Si? Recuerda que la imaginación es la gran embaucadora de la verdad… ven, pégate a mi.

-Pero, ya se va acabar la canción.

-No importa, quiero sentir tu cuerpo aferrado al mió.

-Esta bien, solo promete que esta noche no te iras.

-Lo prometo, con la condición que no te vayas a zafar de mi.

En ese instante reaccione, tome aire profundamente, sentí de nuevo ese calor excitante en el ambiente, me abrí paso en medio de la multitud; llegue a la puerta, volví a respirar hondamente, ahora el aire era frió pues ya llegaba el alba, cruce el umbral entre el bar y la entrada, empuje la puerta que daba hacia la calle, me puse la chaqueta, al momento pare un taxi, me subí.

-Lléveme Aranjuez –le dije al conductor-, tenia razón mi cabeza “la imaginación es la gran embaucadora de la verdad”.

-¿Cómo dice? –me pregunto el taxista.

-No me haga caso, salgamos a la avenida Oriental. Por favor.

jueves, 4 de junio de 2009

Desvaneciéndose


El hombre

animal de costumbres,

se pierde

entre las selvas

de estas

ciudades

 de cemento.

 

No se esconde,

al contrario,

no quiere ser

carroña

para Gallinazos,

por eso

va hacia donde

lo llevan sus pies,

mas sangran estos

de tanto caminar, de tanto

mezclarse

con el lodo,

las piedras,

los vidrios;

ha perdido

los recuerdos

de su

tierra.

 

El hombre

ya  no es

un súper hombre,

ha quedado muerto,

Dios ha muerto,

los filósofos

de igual modo

como aquel

que mataron

por negligencia

conceptual murieron,

los filósofos

han muerto para

el mundo,

solo

quedan sus palabras

que

lentamente

se las va

llevando

la marea

de la tarde

inclemente.