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sábado, 26 de diciembre de 2009

Evidencia.




Como un mantra


de mis labios


emana la verdad.


Esa verdad que me pone


en evidencia,


me delata, así,


lentamente ante


su mirada,


desnudo lo que


soy a través


de mis palabras.



Ella, mientras tanto,


va haciendo


alarde de su


triunfo,


de su belleza


sobre mi


debilidad.


Mi corazón es delator, acaba de mostrarme tal y como soy ante los demás. Solo ante ella lanzaba señuelos, pero él de pura terquedad me pone en evidencia.


Pretendía dejar todo bajo el signo metafísico o sangriento del silencio; llueve y mi corazón por su debilidad me hace sentir en una hoguera. Deje que él hablase por mi ¡que fragilidad! Ella lo nota, sonríe, simplemente sonríe, sabe muy bien que sufro, que mi corazón me ha traicionado. Lo sabe muy bien, por eso se la pasa riéndose de mí, y yo… bueno, sigo ahí en evidencia, dejando que ella lo disfrute.



Solo puedo morder mis labios, trago profundamente, trago profundamente los dolores kinestesicos que de ella provienen, me encarcelo en mis ansias de su ser mientras que le voy diciendo a ese otro irracional el cual me habita que se controle, que ya el corazón nos ha dejado expuestos, que no podemos seguir así, por ello debemos escapar de sus miradas retoricas y burlescas.


Pero ese yo, tampoco entiende razones y se deja arrastrar del traicionero corazón. Mas a la hora de la verdad no ha sido este simple musculo quien me ha vendido, ni tampoco el yo irracional, son los malditos sentimientos que dependen de la razón, si, fueron ellos. Por tanto, le echo la culpa al inteligente, a mi, quien escribe estas palabras, fui el tonto, el apostata, hereje, espía de mi, el Judas de mis pensamientos. Siempre hay algo dentro de la razón que termina vendiendo tu propio ser cuando se es puesto en evidencia.


Ella aun me mira y sonríe, ahora se dice no sé qué cosas con sus amigas, todas me observan y ríen al unísono, ya no es una sospecha, esto es una confirmación de algo que acontece en mi y todos ya lo saben.



El fracaso de mi silencio no fue suficiente, tuve que ofrecerme de una sola vez, así, sin más ante dos o tres cosas que le dije, por qué no pudo ser un:


- Hola.


- ¿Qué tal?


- Bien.


- ¿Cómo vas?


- Pues aquí.


- ¿Aquí qué?-preguntaría ella.


- Aquí, observando a ustedes los mortales.


- Eres tan extraño.


- Y tú eres tan, tan… tan normal.


¡Sí! Debí decir eso y que ella se fuese convencida de mi extrañeza, le dijera a los demás que soy un tipo raro, “como ese que en bachillerato le obligaron a leer a ese tal ¿Cuál es el nombre?”. Hasta ahí le habrían llegado las ganas de hablar de mi, se olvidaría del asunto y pretendería seguir siendo la “normal” persona que es. Pero no, tuve que decir mas de lo debido:


-hola.


-¿qué tal?


-bien.


-¿Cómo vas?


-pues aquí.


-¿aquí qué? –pregunto ella.


-aquí, admirando tu belleza y como al observarte mis palabras se vuelven poemas sueltos al aire.


-¿Cómo así?


-si, así como lo oyes, eres hermosa, me… me pareces encantadora.


-ya lo sabía.


-entonces ¿para qué me haces decirte lo que ya sabes?


-para reconfirmarlo.


Eres perversa.


-no, soy bonita ¿Qué más puedo pedir?


-perversa y bonita ¡qué buena combinación!


-eres un tipo cursi.


-sí, soy cursi. Es que vos me volves cursi.


-yo creía que despertaba otras cosas, no cursilerías.


Despiertas en mi más que cursilería.


-¡sí! ¿Qué?


-descúbrelo.


No, ya lo sé, se te nota.


-¿así de evidente soy?


-demasiado.


-¡ah, bueno! Ya lo sabes.


-si –sonrió de manera perversa, me quito el poco de cerveza que había en la botella y se fue.



¿Por qué no me quede en silencio? De esta manera hubiese podido evitar este casi escarnio público, pero no pude, tuve que convertirme en el centro de miradas y risas por parte de ella y sus amigas, quizás también, de esos tipos que andan con ella.


Me he dejado vencer de un rostro y un cuerpo sin ningún otro sentido de ser bonito. No lo puedo creer. El pensador se ha expuesto, no fue ni ese otro yo, ni el corazón, fui yo. Por ello, salgo de aquel lugar, prendo un cigarrillo, fumo tranquilamente mientras me voy diciendo:


-me perdono por haberme traicionado.


Doy media vuelta y me dirijo a mi casa para escribir estas pobres líneas.


03.11.2009.


Samuel SB.








3 comentarios:

Anónimo dijo...

las niñas del lola son buen tema para escribir cuentos
o me equivoco.
Joha.

Samuel S.B dijo...

No, no era ninguna del Lola. Es "Corazón Delator" de Soda Stereo.

Samuel S.B dijo...

¡Uy! Que mal, hay personas que son capaces con un comentario de desequilibrar todo el hábitat que uno ha creado, yo que me creía invulnerable, he sido puesto a tambalear por una mujer que tiene como oficio… eso, ser mujer.