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viernes, 30 de enero de 2009

Del Porque No Dedico Poemas.

Ella, se sienta diagonal a mi en clase de arte; su cabello es totalmente lacio largo que le llega a las caderas; sus pechos son medianos tal como me gustan, su cara no es para los otros bella pero para mi es algo místico mirarla, tal vez es su boca o ¿Por qué no? Sus lentes de marco rojo que la hacen ver como una intelectual. Ese tipo de mujeres me enloquecen. Cada que la veía pasar, por cualquier parte de la Universidad o cuando los lunes se ponía esa faldita corta de cuadros y naranjada, que a la postre fue culpable muchas veces en mis noches de soledad me llevo a cometer actos onanistas, ¡Oh santo pecado!, mujer de caderas grande, abdomen plano en forma estética según mi convicción, piernas bronceadas y perfectas, con esos jeans descaderados que llevabas puestos en clase de arte, con los cuales me mostraste un poco el cielo o el infierno, quizás. Mujer de menos de un metro sesenta, como me haces perder el control de mis actos y de mis palabras; sabia que tu pasado no era el mejor, pero decían tus amigas que habías cambiado y eso te hacia ser otra persona.
-¿Acaba de comenzar la clase? –me pregunta.
-si, hace unos cinco minutos.
Sigue la lectura del protocolo, mientras ella recoge el lapicero que se le cae al piso, nuevamente me vuelve a mostrar el infierno, si es este, mientras mis ganas de ella quieren y pretender ver mas allá.
-Esta vivo.
-¿Qué? –le pregunto asustado.
-Mi lapicero, parece que tiene vida propia, ya que cada momento se me cae. Me dice, mientras que con su mano izquierda, recoge su cabello con sensualidad.
-¡Suele suceder! Parecen con movimiento propio; agrego a su comentario mientras le miro sus pechos.
Me descubre y hace como si no me hubiese visto, siento vergüenza, pero al momento se sobrepone mis ganas de lanzarla a una cama o en el mismo salón de clases y, sin pensar en Schiller o Hölderling, fornicar con ella y venirme en su abdomen, no sin antes hacerla gritar o gemir independiente si los otros están o no alrededor.
-No me gusta como lee esa, parece como si le hubiesen llenado la boca con papa. Jajá jajá, es toda “gomela”, se cree muy “puppy” y considera que lee muy bien. Acenta, mientras mira a Claudia la lectora del protocolo con ira.
Un día me pregunto porque estudiaba filosofía y le respondí que lo hacia para trascender mi ser, la muy ridícula me dice que lo hacia para encontrarle sentido a la vida y vender muchos libros, ¿es que acaso su vida no tiene sentido con su pobre existencia? ¡Es una tonta!
-No seas así, de pronto te lo dijo con el fin de entablar una conversación contigo; además ella es alguien que lo ha tenido todo en la vida y estudiar filosofía es una forma de escapara a esa su realidad. Le digo esto y ahora la miro a los ojos.

-¡No lo creo! Uno estudia esto para ser dentro del mundo, ella no sabe para que existe, que triste su vida; ella, es igual al imbecil que me manda poemas de Jairo Aníbal Niño, ¿Qué tal que yo fuera una adolescente idealizando el amor? No se ha dado cuenta que a mi no me interesan los melosos. Y a ti ¿te gustan las mujeres intensas y romanticotas?
-Nena, nunca he tenido novia, así que no te podría como me gustan las mujeres.
-Pero, ¿alguna vez te ha gustado una? O ¿le harás dado besos a una por ahí? ¿Has estado con una mujer o tal vez dos al mismo tiempo teniendo sexo, haciendo el amor? –Me lo dice con tono de exaltación - ¡no! Tu apariencia no demuestra que seas un hombre atrevido. A mi, me gustan los tipos osados, rudos y fríos, porque a la hora de la verdad son mas pasionales en la cama; mientras que los románticos y soñadores los podes mover con un dedo a tu antojo. Es por eso que si alguna vez conozco al tonto que me tira por las rendijas del casillero los poemas, me voy a reír de él por creer que así podrá conquistarme, con poetas románticones.

Ahora simplemente la miro.

Termina la lectura del protocolo; el profesor comienza hablando sobre la superación de la cultura, la sensibilidad y que el conocimiento debe primar por encima de estos sin suprimir la naturaleza humana. Nos quedamos en silencio escuchándolo; más tarde, termina la clase, ella se despide de mí, se pone de pie y me muestra el infierno por última vez. Desde aquel día, después de esa conversación, renuncie a dejarle en el casillero poemas de Jairo Aníbal Niño u otro poeta románticon como los llama ella.

En el Parque Biblioteca San Javier.

Todos los días llega a la misma hora al parque biblioteca, su presencia detiene tiempos, Cronos es dueño del instante; su paso cadencioso es acompañado por movimientos perfectos del cuerpo, baja las escalas, la examino de arriba abajo, me estremezco al mirarla.
-¿Qué hay en la sala de literatura? –pregunta, mientras contengo la respiración.
-Nada, pero va a comenzar la proyección de una película en el auditorio –respondo con mi voz entrecortada.
-Prefiero ir a leer… gracias.
Cruza la entrada, baja las escalas descendiendo a literatura.
Ella, motivo por el cual sigo siendo vigilante en el Parque Biblioteca San Javier.
Samuel S.B