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domingo, 28 de junio de 2009

Danza Rota


“…hay anarquía en mis movimientos

y al mismo tiempo
alguien los controla,
se van cayendo mis ligamentos
yo no puedo ser libre sin vos”.

Soda Stereo.

Las luces golpeaban mis ojos, parecían quemarlos, mientras eso sucedía, me movía de manera anárquica, libre, no tenia poder sobre mi cuerpo; todos también danzaban al ritmo de la canción –de Soda- como dejándose consumir por los sonidos descarados de la guitarra, la batería, el bajo y el sintetizador.

La verdad no deseaba estar así, es decir, solo; ya les dije que todos bailaban –es que suelo ser repetitivo con las frases-, pero, a la vez, se apretaban, se sacudían, rozaban, tocaban, acariciaban en la pista. A un costado del bar me encontraba –parecía escondido en ese rincón- con esos movimientos perturbadores de mi cuerpo, mirando a cada una de las parejas que estaban allí. El calor excitaba cada vez más los cuerpos, mi ser pensaba en Eliana.

-Es un castigo –me decía para justificar la ausencia de ella.

Y para colmo esa maldita guitarra me hacia mover de extremo a extremo.

-Prisionero soy –pensaba- de este ritmo cruel, yo aquí recordándola y bailando esta danza rota ¡quiero escapar!

Daba vueltas y vueltas sin parar en ese pequeño rincón del mundo.

-No soy ser libre ¿Qué carajos puedo hacer?

La había perdido tiempo atrás, no gozaba de la libertad que da la ausencia del amor; necesitaba una pista –por lo menos- para hallarla… ¡danza rota!

-Pero todo andaba bien –me dije-, estoy aquí, con mis amigos, bailando, solo, pero bailando, queriendo moverme así para engañar su cuerpo, ese que no esta ¿Quién sabe que sabanas blancas consumían el sudor de su cuerpo en este momento?

Me movía al ritmo de la canción, quería una cerveza, pero estaba convencido que si salía de ese rincón del mundo, que me lo había auto asignado, la perdería de nuevo de la memoria como la perdí un buen tiempo atrás.

-¡Baila conmigo Samuel!

-¿Qué dices?

-Que bailes conmigo, hazlo como sueles hacerlo siempre.

-¿Cuándo llegaste?

_Hace un buen rato, te observaba desde la barra ¿quieres bailar o no?

-¡Claro! Estaba pensando justo en ti.

¿Si? Recuerda que la imaginación es la gran embaucadora de la verdad… ven, pégate a mi.

-Pero, ya se va acabar la canción.

-No importa, quiero sentir tu cuerpo aferrado al mió.

-Esta bien, solo promete que esta noche no te iras.

-Lo prometo, con la condición que no te vayas a zafar de mi.

En ese instante reaccione, tome aire profundamente, sentí de nuevo ese calor excitante en el ambiente, me abrí paso en medio de la multitud; llegue a la puerta, volví a respirar hondamente, ahora el aire era frió pues ya llegaba el alba, cruce el umbral entre el bar y la entrada, empuje la puerta que daba hacia la calle, me puse la chaqueta, al momento pare un taxi, me subí.

-Lléveme Aranjuez –le dije al conductor-, tenia razón mi cabeza “la imaginación es la gran embaucadora de la verdad”.

-¿Cómo dice? –me pregunto el taxista.

-No me haga caso, salgamos a la avenida Oriental. Por favor.