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lunes, 19 de abril de 2010

Reza por mí.



“Reza por mí.
Si me quitas tu amor, ¿pa' qué quiero el corazón?
Anda reza por mí.
Si me vas a olvidar, necesito tu oración”.
Reza por mí. Draco Rosa.

“sin un temblor de más, me abrazo a tus ausencias que asisten y me asisten con mi rostro de vos. Pero el rostro de vos mira a otra parte con sus ojos de amor que ya no aman como víveres que buscan a su hambre miran y miran y apagan la jornada”. Rostro de vos. Mario Benedetti.

Para Harry Patiño Y Alejandra Saldarriaga.
Lo miro a los ojos, aun en ese momento ellos reflejaban la calidez del alma que tiempo atrás la había llevado a entregarse de manera total, pero ya era pasado y el candor del amor se perdió cuando el ser se acostumbro al otro, a su cuerpo, al brillo constante de los ojos.
-No puedo creerlo, son cinco años mujer ¡cinco años! –fue lo único que pudo decir en ese instante.
Ella siguió mirándolo fijamente sin pronunciar palabra alguna, veía en aquellos ojos al hombre fuerte y aguerrido contra las batallas de la vida pero frágil y quebradizo frente al amor, odiaba y a la vez amaba lo fuerte que podía llegar a ser pero lo débil que era cuando el amor lo suspendía de su razón o sus conocimientos, así que reconfirmo los temores que días atrás la habían atrapado cuando tomo dicha decisión.
-Tendría que haberlo dejado y ya, despedirme por medio de una carta. Pero no, no habría sido justo con él, debía esperarlo, hacer las cosas de manera correcta –pensaba Paula mientras le secaba las lágrimas que se desprendían por los ojos de Carlos.
-Reza por mí –le dijo con su voz potente y aguda, pero en ese momento resquebrajada- óyeme bien ¡reza por mi! Si me quitas tu amor, ya no quiero sentir, por eso si ya me olvidaste…
-¡Jamás lo haría!
-Ya lo hiciste, no me amas, jamás vas a recordarme con amor…
-Siempre te amaré, no sabes cuánto, solo que el amor no va a poder con esta costumbre –le interrumpió de nuevo. Paula iba sintiendo el desgarrar del alma; nunca llego a pensar en cuan dura podría ser una despedida y más cuando de quien se aleja es en quien se encontró todo, pero por culpa de la inconformidad renunciaba y huía, los seres humanos no afrontamos realidades, afrontamos miedos, de ellos escapamos porque nos confrontan con nosotros mismos, no somos capaces de existir.
Hubo un silencio triste, algo había muerto, algo se derrumbo, la incertidumbre y la orfandad golpeaban las entrañas, los cuerpos y los sentidos. Carlos concebía que todo se le iba tras de Paula. Le faltaba el oxigeno y por ello consideraba que no era capaz de distinguir entre la realidad y la fantasía, entre la verdad y lo que estaba sucediendo. Aun así, trato de recuperarse, erguir su dignidad y hablar de manera tranquila.
-Reza por mí por favor, sabes que me duele lo que me dices, me siento perdido –pero su dolor era más fuerte que su dignidad, Paula siempre lo desnudaba cuando aparecía en el mundo, por ello no resistió y sollozó en ese preciso instante -. No te pediré que te quedes, es tu decisión, tampoco suplicaré para que me des una nueva oportunidad, eres libre, no eres mía, nadie le pertenece a nadie, hay algo que en este momento nos distancia: la palabra pronunciada y sin embargo, ella no podrá si quiera consolar esta “soledad tan desolada” que estoy sintiendo… otro favor, abrázame, abrázame por última vez, quiero hacerte quedar en mis brazos que ya están vacios, sin ti, aun estando tu aquí la ausencia se va apoderando de mi.
Paula no pudo soportar tanto dolor en medio de los dos, dejo que las lagrimas desbordaran todo el padecimiento que le causaba este adiós, sin dudarlo se abalanzo a los brazos de él, le abrazo como si fuese la primer vez que lo hacía, pego su rostro contra el pecho de Carlos y lloro desconsolada, sabía muy bien que estos eran los últimos momentos de estar frente a frente con él, que era la última vez que sentiría ese cuerpo que tantos días y tantas noches la hizo gozar, la hizo sentir plena, ella, una verdadera mujer. Sería la última vez que estaba aferrada a ese hombre que tanto la amaba, ese que le había devuelto las ganas de amar.
Ambos lloraban como si fueran uno solo, de pronto Paula levanto sus ojos nublados por las lágrimas, miro la comisura de los labios escarlatas de Carlos, se acerco a ellos y los beso de tal modo que la saliva, las lenguas y el llanto se mezclaron en un sinfín de adioses, de palabras sobrantes y faltantes, no había nada más que decir, nada más que explicar pues todo fue dicho aunque fuese confuso.
Se separaron lentamente, abriendo los ojos justo en uno de esos momentos eternos que escasas veces aparecen en la vida, instantes sublimes de la revelación divina.
Carlos le acaricio el cabello y dijo:
-Iré a empacar mis cosas.
-No lo hagas, soy yo quien se marcha, no tu, además esta es tu casa, no puedo pedir que te vayas.
-No preguntaré si tienes otro, no viene al caso, ya te lo dije: nadie le pertenece a nadie… no pediré tú numero, ni donde vivirás, dejemos que la vida nos encuentre en cualquier calle de la ciudad o quizás del mundo… ¿ya empacaste?
-Me falta poco.
-Vamos, te ayudaré a terminar de hacerlo.
Subieron a la habitación, Carlos le ayudo a empacar los objetos personales, incluso insistió para que se llevase unos cuantos libros de él que Paula al leerlos los había convertido en joyas personales, “libros libertarios” los llamaba ella. Le cargo las maletas hasta el taxi, se las empaco de manera perfecta en el portamaletas, era consciente que Paula no podía dejar –ni en ese momento- de ser meticulosa con el orden, así fue que él aprendió a no vivir de manera desorientada para con su orden.
Le abrió la puerta del taxi, antes de montarse Paula volteo y trato por novísima vez de besarlo, Carlos aparto sus labios a tiempo y no permitió ni para ella ni para él ese otro adiós y, aunque lo deseaba con todas sus fuerzas prefirió la abstinencia, vivir a partir de ese momento del recuerdo.
-Prométeme que vas a ser feliz y vas a rezar por mí para poder dejarte de amar.
-Te lo prometo.
-¿Y rezaras por mi?
-Todos los días.
-Adiós.
-¿Solo eso?
-Creo que si… recuerda: todos los días.
-Sí.
-Sí.

Nuevamente hubo un momento de silencio, se miraban fijamente y sus ojos volvieron a nublarse, sin fuerzas fueron soltando sus manos que minutos antes habían entrelazado.
Paula se monto al taxi, el conductor lo puso en marcha y lentamente se fue perdiendo en la esquina de la calle donde Carlos vivía con ella, por donde camino miles de veces cogiendo la mano de su amada; el taxi se perdió por el barrio, por las callejuelas de su ciudad la cual le había dado tanto y siempre le quitaba algo.
-Reza por mi amor –se dijo entre dientes.
Entro a su casa ahora tan grande para él y sin ella, lo noto pero evito el sentimiento, se acerco a la pequeña licorera que tenía en la sala y se sirvió un Whisky. Paso tomando hasta entrada la noche. Estando ebrio salió de la casa grande y se dirigió al templo del barrio; allí frente al santísimo se arrodillo llorando.
-¡Oh señor…! Y rezo por Paula.
Al otro lado de la ciudad Paula se arrodillaba también al frente del Cristo de cualquier parroquia y rezo por Carlos.


Samuel Salazar Blandón.
19.04.2010.




1 comentario:

Anónimo dijo...

En mi opinión usted es un excelente redactor, esta historia me ha hecho llorar, siempre me dan más duro las despedidas je je (Esta muy bueno el blog)