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miércoles, 2 de junio de 2010

Historia de un libro cualquiera.




Alguna vez existió un libro que vivía en una biblioteca, siendo aun joven anhelaba ser leído, acariciado y disfrutado, soñaba que a través de sus palabras las personas pudiesen imaginar otros mundos, más nadie, nadie lo leía y mucho menos lo prestaban. Por tanto se deprimió tanto que empezó a reflejarlo en sus hojas, pues cada vez sentía que se ponía amarilloso y comenzó a tener hongos.

Hasta decidió que debía ser leído a como de lugar, hizo lo imposible para ser tocado o prestado: se abría de tal manera para quedar enredado en los dedos de los usuarios que muchas veces simplemente lo ponían a un lado, o, cuando algún usuario se agachaba para buscar otro libro, se osaba y caía ya fuera a un lado, ya fuera en la cabeza del lector, pero sus esfuerzos fueron en vano, lentamente y sin desearlo comenzó a olvidar el mundo mágico que guardaba en si. Al tiempo cayó en un sueño profundo, a saber, empezó a sentirse viejo.

Un día cualquiera sintió ser sacudido, como en un vaivén, abrió los ojos que estaban cubiertos por las letras de su nombre que se habían caído, es decir: las letras de su titulo; trato de empujarlas para poder mirar mejor, lo logro, mientras tanto observaba como la sala de lectura quedaba atrás, vio unas escalas que se extendían hasta una puerta amplia, aclaro: la puerta era de vidrio, fue subido por esas escalas rápidamente, se sentía aprisionado entre unas manos, quería devolverse hacia el lugar donde segundos antes descansaba, pero no logro desprenderse pues era tanto su cansancio y su olvido de razón de ser que se le hizo imposible hacer un esfuerzo mas. Luego, lo depositaron sobre una mesa fría, lo recogieron unas manos suaves, eran las de una mujer, ella comenzó abrirlo y sintió como el aire jugaba en medio de sus hojas, así la mujer llego a su parte trasera, puso su espalda contra una rayo rojo que le provoco cierto cosquilleo, al momento lo humedeció como con una tinta negra ¡si! Era tinta negra, la cual seco inmediatamente.
Al final la mujer lo paso por una especie de tobogán –así le pareció- que le volvió hacer cosquillas. De nuevo fue depositado en la mesa de la cual el hombre lo recogió-pues era un hombre quien lo aprisionaba minutos antes-. Sintió cruzar un pasillo y la puerta grande de vidrio, un aire calido lo hizo dormirse de inmediato.

Después de un buen rato, empezó a sentir en medio del sueño que una sensación jamás experimentada por él lo invadía, sintió felicidad y a la vez un sin fin de sentimientos que él, algún tiempo atrás había anhelado vivir, entonces, fue en ese momento que comprendió estaba siendo leído, lloro, grito de jubilo o dolor, canto y rió de acuerdo a los sentimientos que despertaba en el hombre. Así aconteció la historia de cómo un libro volvió a la vida por medio de la lectura.

Samuel Salazar Blandon.

2 comentarios:

Andres Aristizabal Jimenez dijo...

Que buen cuento, algunos se sumen en el olvido, no alcanzando a ser leídos, o entre objetos confundidos, pasando desapercibidos

Samuel S.B dijo...

Andres, vos sabes que escrbís mejor que yo, es un orgullo leer tus palbras por este mi humilde blogg... un abrazo, poeta de la calle.