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martes, 15 de junio de 2010

Soledad


Acabo de asumirlo:
la soledad ha llegado en auxilio de mi naufragio,
me he aferrado al mástil –desesperado- de la esperanza,
ha sido en vano, rece demasiado para no ahogarme,
palabras perdidas en este desierto de aguas y silencios.

¡No detengan su navegar mortales!
Mi barco zozobro en los mares confines del olvido,
ya queda nada allá donde el sol besa la tierra el mundo es incierto-,
donde el mundo vierte todo su esplendor en los rostros felices de tanto infeliz.

La soledad ha llegado y yo dejare que me rescate sumiéndome
en el vacio sin fondo de la incertidumbre,
no me busquen, déjenme desaparecer, olvídenme puesto que he muerto,
la soledad me dio las alas de la eternidad como regalo.

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