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miércoles, 4 de agosto de 2010

Hay veces…



Hay veces desconozco la existencia, es por ello que la soledad, vocera de lo que soy aun sin llegarlo a ser me enfrenta con la temida realidad santa patrona de desilusiones.
Hay veces extraño lugares, cosas, gentes, pero al caer la tarde los recuerdos se diluyen, el vino dulce –bebida de dioses caídos- perfuma mis labios, la melancolía emana de los pensamientos muertos y yo me siento uno con la nada.
Hay veces que lo poco aprendido se convierte en vientos revoltosos, juega con lo escaso del aliento que me queda y las palabras faltan, las ganas de morir duermen al lado de libros jamás leídos.
Hay veces me pierdo en el raudo recuerdo de los amores inconclusos, rio por haber perdido tanto sentimiento en banalidades, tanto placer para el cuerpo que ahora, carcomido por el paso inclemente de los años es una masa amorfa y dispuesta a ser olvidada.
Hay veces llego a ser un verbo conjugado por risotadas y blasfemias, el silencio me invade, dejo que las sátiras hagan conmigo lo que los mortales pretenden y me escondo en el candor que ofrece la ofensa.
Pero hay veces me siento humano, tan humano que deseo escucharte, saber cómo te mueves por el mundo, entender por qué en medio del vacío aun sigo creyendo que vivir es cuestión perenne de tus palabras y tus bondades.

Samuel Salazar Blandón.


martes, 3 de agosto de 2010

La lejanía te hace presente

Para Maria Camila Ballesteros Velez, se encuentra tan cercana a mi en medio de la lejanía.



La lejanía te hace presente,
te escondes en los rostros cansados de los ancianos, hablas en el canto de los pájaros , ríes en los fríos del amanecer,
cuando estoy solo le cuentas historias a la memoria carente de imaginación
y al caer el sol vas tomando tonalidades de melancolía.

Allá donde las fuerzas te aprisionan, donde los deseos se hacen los mutilados
llega mi voz suplicante para besarte, voy acariciándote con el recuerdo de mis palabras, los sonidos furtivos que ruegan por vos desbordan mi paz, mi tranquilidad; es, en ese preciso instante que te vas elevando por los cielos, recorres miles de kilómetros y vienes a mi amparo, esa sensación es única, es el tocar el cielo sin dejar de estar en tierra.

Así que, pensándolo bien, tu lejanía te acerca un poco más a mí, día tras día, y nadie puede llevarte a donde debes estar porque ya te acomodas en el corazón, en el alma y vas ocupando el espacio –dulce usurpadora- que sin pedirlo lo has merecido.