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miércoles, 4 de mayo de 2011

EL PRECIO DE LA LIBERTAD





Se sentó en el rincón de su habitación, con dos balas estaba cargado el revólver, solo necesitaba una, pero puso las dos “por si las moscas”. El teléfono arrojado al lado del vaso con whisky daba el efecto de estar esperando la llamada necesaria para desarrollar el resto de la escena, sin embargo, esta no es la verdad, fue él quien la hizo, esa era la razón por la que el teléfono se encontraba allí. El cigarrillo estaba por la mitad ya que le había dado un par de caladas, sólo Dios sabía cuántos cigarrillos habría fumado hasta ese momento de la vida y solo Dios sabía cuántos terminó de fumarse completamente.
Cogió el trago de Whisky con la mano derecha y se tomó un sorbo, puso de nuevo el vaso en el suelo, luego con la misma mano agarró la bocina del teléfono y con la otra marcó un número, le pareció que repicó una eternidad; una voz femenina, perezosa le contestó.
-¡Alo!
- Hola.
-¿Qué horas son?
-Pasadas las tres de la mañana.
-¿Qué pasó, por qué llamas a esta hora?
-Lo hice.
La mujer que dormía y él se quedaron en un silencio prolongado por el asombro, los dos no lo podían creer, pensaron alguna vez que no lo iban a lograr, incluso ella llegó a recriminarlo por su falta de decisión. Pero en ese instante que ya todo había sucedido ninguno de los dos conseguía asimilarlo. Fue ella quien rompió con el silencio.
-¿A qué horas lo hiciste? Estuve con él hasta las once de la noche.
-Fue después de que te fuiste.
-¿Nos estabas espiando?
-Espiar es una palabra fuerte, vigilaba para saber cuándo se quedaría solo y así poderlo hacer.
-¿Hace cuánto nos espiabas?
-Ya te dije, no los espiaba, buscaba el momento oportuno y esta noche lo fue.
-Te había dicho que yo te diría cuándo hacerlo, además, no respondes a mi pregunta.
-No hay necesidad de hacerlo.
-Como sea, ¿sufriría?
-No lo sé, fue un tiro seco y preciso, cayó cuando el proyectil lo impacto.
-¿Dónde se lo pegaste?
-En la cabeza y a sus espaldas, como se debe asesinar a todo traidor, fuera de eso no quise dejarme ver por él.
-Debiste, el objetivo era vengar la muerte de nuestros padres.
-Te equivocas, el objetivo consistía en librarte de él y lo he logrado.
-Pero, habíamos quedado en que lo harías la próxima semana, el jueves sino estoy mal.
-Y no lo estás, pero deseaba salir lo más pronto posible de eso y ya.
-Fue muy pronto.
-¿Muy pronto?, ¿acaso lo amabas?
-Te amo a ti.
-¿Lo amabas? –le espetó con un tono de voz fuerte y autoritario.
-¿Cómo podría amar al hombre que asesinó a mis padres y a los tuyos y me tuvo secuestrada todos estos años como su objeto del deseo?
-Quizás padecías del síndrome de Estocolmo y te hayas enamorado de tu secuestrador –le respondió él al tiempo que le daba la última calada al cigarrillo.
-¡Eres un idiota!
-Eso también es cierto… a propósito, gracias por las llaves, sin ellas no lo habría podido asesinar.
-Cuéntame cómo lo hiciste.
-Sencillo, a esperé que salieras con Papo –hubo una pausa pues tomó el último trago del vaso de Whisky–, lo único que faltaba era que Caliche saliera y así sucedió, repentinamente apareció en el portón de la casa, cruzó la calle y tomó un taxi rumbo al sur. Entonces aproveché la situación; sigilosamente y al comprobar que no había nadie acompañándolo abrí la puerta y observé que todo estaba a oscuras, una luz tenue al fondo daba ciertas formas monstruosas de las cosas que había en la sala, era como si tratasen de revelar el acto tan sublime para vos y para mi, pero atroz para la humanidad. En el acto alcancé a ver el pasillo que conducía a las habitaciones; a mi mano izquierda se encontraba la cocina, entonces, sin perder tiempo logré llegar al recoveco de las habitaciones y deslizarme con prisa hasta el fondodonde estaba su habitación tal y como me lo describiste en el mapa que noches atrás dibujaste en la servilleta después de hacer el amor. Saqué el revólver de la pretina del jean y como si fuese un matón de película barata hollywoodense, cogí el arma con la mano derecha y alzada, giré el picaporte de la puerta con la izquierda, la entreabrí, él estaba desnudo y daba la espalda, entonces abrí la puerta del todo y sin que me escuchara me le acerqué rápidamente y apuntéle a su cabeza mientras caminaba; sin pensarlo halé el gatillo una sola vez, la buena presa cayó al suelo y su sangre maldita recreó poéticamente el suelo de la habitación, en ese instante pensé en la fragilidad de su ser y en lo que quedó: en un simple despojo sin sentido, algo que causó tanto dolor y de la forma tan fácil en la que murió, alguien que se creía indestructible, me dio a entender que al maleante cuando se le desnuda queda indefenso ante otra realidad que lo acecha, a saber, la muerte.
-Entonces ¿saliste rápidamente de allí? –preguntó ella.
-No, -contestó mientras se servía otro Whisky- lo contemplé un largo rato, me senté a observar cómo al cabrón se le iba lentamente la vida por el placentero rio de sangre.
-¿Y después?
-Después salí de la casa y justo cuando llegué al umbral me encontré con Caliche, el muy idiota me miró y yo le sonreí irónicamente, entonces abrió los ojos como si hubiese visto una aparición, empujó el portón y corrió hacia adentro, yo salté rápidamente a la calle, prendí el auto y me perdí por la oscuridad.
-Papo y Caliche se van a vengar de nosotros –dijo ella entre sollozos.
-Nos van no, me van ¿Aún tienes la tarjeta del banco que te di a guardar?
-Si ¿por?
-Tómala, saca dinero y huye de aquí.
-No.
-Sí, huye prontamente, compra un tiquete de avión o bus y vete de la ciudad, ahí en la tarjeta tendrás dinero suficiente para vivir por lo menos un año.
-Ven conmigo por favor –le suplicó ella entre sollozos y la voz cortada.
-No puedo, Caliche me identificó, mi sentencia está firmada.
-No puede ser, entonces ¿Qué vas a hacer?
-Nada, esperaré a que vengan por mí y cuando lleguen me pegaré un tiro.
-No lo hagas por favor.
-Es lo mejor.
-Pero ¿por qué?
-Porque el precio de la libertad se paga con un sacrificio.
-No hables así.
-Es lo único que se me viene a la cabeza para entender mi realidad.
-¿Y el arma? Te van a relacionar con la muerte de él.
-No, el arma que utilicé para matarlo es la misma que él le regalo a mi padre ¿la recuerdas? Con la que voy a terminar mi exitosa vida es la que compré hace una semana.
-No lo hagas por favor.
-No hay vuelta atrás mujer. Al menos mi muerte impulsará mi carrera de escritor, ya me imagino los titulares en los periódicos o noticieros: “Escritor se suicida en pleno auge de su carrera”. Suena lindo ¿verdad?
-Cállate, no digas barbaridades.
-Es mi realidad, no pierdas más el tiempo empaca algunas cosas y…
Hubo un silencio al otro lado de la línea, luego se sintieron unos golpes en la puerta, después unos disparos. Ella apretó la bocina del teléfono contra su pecho mientras dejó salir un grito mudo de su alma.