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domingo, 26 de junio de 2011

Fue por amor.


“¡Ya sé, no me digás! ¡Tenés razón! La vida es una herida absurda, y es todo tan fugaz que es una curda, ¡nada más! Mi  confesión”.  Troilo/Castillo.
Habían pasado dos meses desde la última visita, odiaba la correccional, lo odiaba a él por haber cometido tal fechoría, pero, a pesar de todo también lo amaba, así que le pudo el sentimiento, la piel, los sentidos que el mismo orgullo.
Lo encontró al lado del caspete del patio, estaba leyendo “La divina comedia” y parecía no importarle nada de lo que pasaba a su alrededor. Se le acercó y se le plantó casi rosándole el libro; no se inmutó. Ella lo saludó.
-Hola, Joaquín.
Despegó los ojos del libro y la miró, ella se llenó de miedo, de dolor, de compasión al verle el rostro desenseñado y con un gran golpe en el ojo izquierdo.
-¿Qué te pasó? –le preguntó.
-Nada –respondió Joaquín.
-Con nada no se golpea uno de esa manera –le dijo ella mientras trató de alcanzarle el rostro. Él le cogió las manos.
-Verónica, no pasó nada.
Ella le miro las manos, tenía unas heridas que parecían ser hechas con cigarrillos prendidos.
-¿Quién te hizo esto? –le pregunto presa por una mezcla entre asombro y miedo.
-Nadie me ha hecho nada, además, ¿Qué haces tú acá?
-Eres mi esposo, debo estar contigo.
-Si bien lo recuerdo hace diez días me pediste el divorcio.
-Sí, pero aún te amo.
-Vero, el amor es tan efímero que se puede acabar en un abrir y cerrar de ojos, o un clavo que saca otro clavo.
-¿Qué quieres decirme Joaquín?
-Lo que escuchaste.
-¿No me amas?
-Tú lo has dicho –respondió tan pronto como le fue posible y en cuanto depositaba sus ojos frágiles en su libro.
-Mírame a los ojos y dime que no me amas –le increpó Verónica, las lagrimas bajaban desesperanzadas por su rostro.
Joaquín sacó fuerzas donde las ocultaba desde que estaba encerrado allí. Miró a su alrededor y vio al Pipe y a Tavo que seguían sus movimientos sigilosamente, entonces Joaquín puso sus ojos de nuevo en verónica.
-No te amo –le dijo y su rostro se endureció de tal manera que verónica le preguntó.
-¿Hay otra, verdad?
-Sí –le contestó fríamente.
-¿Cómo se llama? solo quiero saber su nombre.
-¿Para qué quieres saberlo?
-¡Dímelo, por favor! –suplicó ella.
-Mariana.
-¿Mariana?
-Sí.
-Está bien.
-Verónica, te pido que te vayas y no vuelvas mas, ya debe estar por llegar Mariana, así que vete por favor.
Verónica se volteo y salió corriendo, se perdió entre la multitud que había en el patio, Joaquín se mordió los labios. Pipe y Tavo se le acercaron –uno al lado y lado-
-¿Ya la despachó del todo mariquita? –preguntó Pipe, Joaquín movió afirmativamente su cabeza, el cuerpo le dolía, ya no le interesaba nada de la vida.
-Eso está muy bien María Joaquina, ya sabes que el papá de la niña verónica no quiere que sigas con ella, si insistes en buscarla o llamarla nos hacemos con vos una fiestita tan rica y larga como la de esta semana cuando supimos por el jefe que la niña Verónica vendría… ¿recuerdas nuestro rico festín mamacita?
Joaquín salió del medio de Pipe y Tavo, cruzó hacia el otro extremo del patio, entró a los baños, orinó, luego se acercó a los lavabos, se miró al espejo y de repente estrelló de golpe la cabeza contra este mientras gritaba.
-¡Fue por amor, Verónica, fue por amor!





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