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viernes, 13 de julio de 2012

Distancia.



A Omar de Jesús, mi padre.
¡Oh! Cuan lejanos somos los seres, el alma nos conduce a nuestros incrédulos pasados e invocamos aquellos que se nos han diluido en imágenes borrosas, quizá la locura temporal se nos transfigura en recuerdos atemporales, tal vez sean tuyos, tal vez sean míos.
Pero el tiempo no se ha detenido y no en vano pasó por encima de las palabras, dejándonos  sus marcas en la piel y en los cabellos. Nos sumíamos en silencios que nunca deseamos por el miedo que nos producía añorar encuentros vacíos y sin sentido.
Ven, caminemos juntos viejo, hagámoslo por los recuerdos perdidos, que no tenemos, reconstruyamos un pasado sin historias, inventémoslas y creamos  que vos y yo fuimos los protagonistas.
Ya sigue el tiempo inclemente, vos allá en la lejanía, yo acá en el otro extremo de la distancia, vos sin saber nada de mí y yo escribiéndote esta triste oda que no ha de dignificarnos  las vidas, pero que, al menos podrá mitigar nuestros mutismos, arquetipos de adioses y recuerdos de sueños nocturnos que posibilitaban las cosas mientras ese tiempo, incapaz de regirnos, se prestaba en el auxilio de la reminiscencia que vos y yo dispusimos el día que sin decirnos nada dejé esas tierras calurosas y te enterré en el pasado con mis ojos de niño del ayer.