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lunes, 4 de octubre de 2010

Darnos un paseo.


Para carolina.


I.
Darnos un paseo por las estrellas sin preocuparnos por el sol. No hay maneras de volver, el mundo nos pertenece, hemos alcanzado los sonidos plenos del amor, los besos son fantasías de un escritor que nunca pudo describirlos. Nosotros los vivimos. “Silencio entre los dos” dicen los que tratan de prohibirnos gritar cuando al final es el amor el culpable de lo que el hombre no entiende desde la razón.

La marea nos adentra por océanos, nos transformamos en cetáceos y jugamos a escondernos de las miradas groseras y mórbidas de aquellos que se escandalizan cuando el sol no les permite ver lo que en realidad no existe, solo vos y yo estamos bajo el amparo de la luna.

II.
Esta noche sos un deseo misericordioso de abrazos, las almas deambulan danzarinas entorno a ti, el fin de la vida es tan inverosímil, vos todo lo haces posible, estiro mis manos para conseguirte pero tu estas magníficamente trasmutada y metafísicamente fuera de todo espacio que pretende encadenarte para que el tiempo pase por tu inquebrantable piel y amadísimos cabellos.
Más allá de lo que los ojos ven me encuentro buscándote –como perdido-, te acercas y tomas de mis manos que suplicantes te piden llevarme a la perennidad. Ahí es el fin del planeta, el fin de todo mal.
Ya los cielos se abren, Dios nos espera mujer –desde siempre- disponiendo un banquete de bendiciones y con la promesa ultima de permitirnos amarnos por el resto de la eternidad.

III.
Acércate amor mío, mira que falta poco para llegar al lugar donde podremos descansar de este longevo y triste caminar a través de años, dolores, expectativas y anhelos. Es allí que los sueños son posibles, que vos sos tan real y yo tan feliz; pensas todo lo que sufriste por tanto tiempo para poder quitarte las ropas y descansar desnuda sobre mi regazo que te esperaba frio y sin esperanza alguna. Es, en última instancia, el momento preciso de recordar este paseo por la vida que empezamos solos y que bien sabíamos habría de terminar uniéndonos a vos y yo en un suspiro como premio por la paciencia que nuestros silencios guardaban.

miércoles, 4 de agosto de 2010

Hay veces…



Hay veces desconozco la existencia, es por ello que la soledad, vocera de lo que soy aun sin llegarlo a ser me enfrenta con la temida realidad santa patrona de desilusiones.
Hay veces extraño lugares, cosas, gentes, pero al caer la tarde los recuerdos se diluyen, el vino dulce –bebida de dioses caídos- perfuma mis labios, la melancolía emana de los pensamientos muertos y yo me siento uno con la nada.
Hay veces que lo poco aprendido se convierte en vientos revoltosos, juega con lo escaso del aliento que me queda y las palabras faltan, las ganas de morir duermen al lado de libros jamás leídos.
Hay veces me pierdo en el raudo recuerdo de los amores inconclusos, rio por haber perdido tanto sentimiento en banalidades, tanto placer para el cuerpo que ahora, carcomido por el paso inclemente de los años es una masa amorfa y dispuesta a ser olvidada.
Hay veces llego a ser un verbo conjugado por risotadas y blasfemias, el silencio me invade, dejo que las sátiras hagan conmigo lo que los mortales pretenden y me escondo en el candor que ofrece la ofensa.
Pero hay veces me siento humano, tan humano que deseo escucharte, saber cómo te mueves por el mundo, entender por qué en medio del vacío aun sigo creyendo que vivir es cuestión perenne de tus palabras y tus bondades.

Samuel Salazar Blandón.


martes, 3 de agosto de 2010

La lejanía te hace presente

Para Maria Camila Ballesteros Velez, se encuentra tan cercana a mi en medio de la lejanía.



La lejanía te hace presente,
te escondes en los rostros cansados de los ancianos, hablas en el canto de los pájaros , ríes en los fríos del amanecer,
cuando estoy solo le cuentas historias a la memoria carente de imaginación
y al caer el sol vas tomando tonalidades de melancolía.

Allá donde las fuerzas te aprisionan, donde los deseos se hacen los mutilados
llega mi voz suplicante para besarte, voy acariciándote con el recuerdo de mis palabras, los sonidos furtivos que ruegan por vos desbordan mi paz, mi tranquilidad; es, en ese preciso instante que te vas elevando por los cielos, recorres miles de kilómetros y vienes a mi amparo, esa sensación es única, es el tocar el cielo sin dejar de estar en tierra.

Así que, pensándolo bien, tu lejanía te acerca un poco más a mí, día tras día, y nadie puede llevarte a donde debes estar porque ya te acomodas en el corazón, en el alma y vas ocupando el espacio –dulce usurpadora- que sin pedirlo lo has merecido.

martes, 6 de julio de 2010

Camila.


Para Camila Ballesteros.



I.

Camila no te escondas tras tu voz,
aparece en el mundo,
devélate, hazte verdad, hazte realidad,
no sigas atesorándote de mi mirada,
de las ganas de mis manos de tocar tus manos,
de los anhelos del sueño que se va impregnando
de yermos que dejas cuando tu imagen no aparece.

Camila, aparece de la nada –como la primera vez-
y abraza mi corazón anhelante de ti,
no te esfumes en tiempos virtuales de veinte minutos,
quédate aquí, conmigo, pues si marchas estarás dando la espalda
al sol que desde siempre ha deseado calentar tu cuerpo
entregándote lo que mereces.

Camila, no te vayas, solo promete en esta noche de soledades
que serás la luz en medio de tantas sombras,
que serás más que una ilusión, serás el todo, principio –y final-
perenne de lo que siempre mi cansado corazón
ha esperado mientras el mundo no se detiene.


II.


Quédate.
“mi estrategia es en cambio más profunda y más simple mi estrategia es que un día cualquiera no sé cómo ni sé con qué pretexto por fin me necesites”. Mario Benedetti.

Aunque no lo creas mujer quiero celarme para siempre
en tu recuerdo, así te me hagas lejana en el horizonte
donde las palabras juegan al escondrijo con la poca fuerza que rodea
mis ausencias de vos, precisamente ese momento es cuando busco volverme indispensable para que te falte, para que no puedas dar un paso si no has pensado en mi.

Dejo todo atrás por seguir la melodía de tu voz,
busco tanto la paz… la encuentro cuando estas al otro lado del teléfono –solo ese instante indiviso es sublime-, cuando te confabulas con el universo y se convierten en el paraíso prometido, momento sobrehumano, el alma se eleva y me voy perdiendo en el ritmo místico de tus palabras.

No te diluyas, conviértete en oráculo Délfico, en realidad eminente,
permíteme convertirme también en tu anhelo constante,
en tu razón prima de creer que se puede volver a amar
así el tiempo nos haya huido por tantos años y separado por tantas montañas mujer, que te escondes de mis ojos ávidos de tu luz.



III.


¿A quien habré de recurrir cuando tu voz me falta?
¿Quién podrá consolar mis ganas locas de conocerte tan inesperadamente
en cualquier esquina inesperada de esta, mi ciudad desesperada?
¿Quien sabrá pronunciar las palabras exactas en el momento exacto cuando vos aparezcas de la nada en una ciudad que nos corroe lentamente?
¿Quién podrá responder mis preguntas mientras te me vas convirtiendo
en una voz tan familiar, esperada en mis tardes de incertidumbre
como aquí y ahora que añoro verte trasformada en coros de ángeles?

domingo, 20 de junio de 2010

¿Qué hago con esta soledad?


¿Dónde estás? Me hago uno con esta soledad
¿Qué hago con la soledad? ¿Por qué no vienes por mí y me levantas del suelo amada mía?
No me siento mejor, aun el dolor sigue siendo nuevo para mí, joven, eterno
e inmaculado, altivo y tácito.

He de sobrevivir por lo menos una noche mas,
esperando tras el espejo liso, llano, colmado de incertidumbres,
habré de callar para así tratar de escuchar tus olvidos, tus ecos
allá en las lejanías del adiós.

Ya no caminaré, construiré mi morada con la espera,
las lagrimas juagarán la suciedad de mis pasos anhelantes,
reflejos ensordecedores de la ausencia de ti,
de la espera de ti,
de mis gritos suplicantes por ti.


Samuel Salazar Blandón.
20.06.2010

martes, 15 de junio de 2010

Soledad


Acabo de asumirlo:
la soledad ha llegado en auxilio de mi naufragio,
me he aferrado al mástil –desesperado- de la esperanza,
ha sido en vano, rece demasiado para no ahogarme,
palabras perdidas en este desierto de aguas y silencios.

¡No detengan su navegar mortales!
Mi barco zozobro en los mares confines del olvido,
ya queda nada allá donde el sol besa la tierra el mundo es incierto-,
donde el mundo vierte todo su esplendor en los rostros felices de tanto infeliz.

La soledad ha llegado y yo dejare que me rescate sumiéndome
en el vacio sin fondo de la incertidumbre,
no me busquen, déjenme desaparecer, olvídenme puesto que he muerto,
la soledad me dio las alas de la eternidad como regalo.

miércoles, 2 de junio de 2010

Historia de un libro cualquiera.




Alguna vez existió un libro que vivía en una biblioteca, siendo aun joven anhelaba ser leído, acariciado y disfrutado, soñaba que a través de sus palabras las personas pudiesen imaginar otros mundos, más nadie, nadie lo leía y mucho menos lo prestaban. Por tanto se deprimió tanto que empezó a reflejarlo en sus hojas, pues cada vez sentía que se ponía amarilloso y comenzó a tener hongos.

Hasta decidió que debía ser leído a como de lugar, hizo lo imposible para ser tocado o prestado: se abría de tal manera para quedar enredado en los dedos de los usuarios que muchas veces simplemente lo ponían a un lado, o, cuando algún usuario se agachaba para buscar otro libro, se osaba y caía ya fuera a un lado, ya fuera en la cabeza del lector, pero sus esfuerzos fueron en vano, lentamente y sin desearlo comenzó a olvidar el mundo mágico que guardaba en si. Al tiempo cayó en un sueño profundo, a saber, empezó a sentirse viejo.

Un día cualquiera sintió ser sacudido, como en un vaivén, abrió los ojos que estaban cubiertos por las letras de su nombre que se habían caído, es decir: las letras de su titulo; trato de empujarlas para poder mirar mejor, lo logro, mientras tanto observaba como la sala de lectura quedaba atrás, vio unas escalas que se extendían hasta una puerta amplia, aclaro: la puerta era de vidrio, fue subido por esas escalas rápidamente, se sentía aprisionado entre unas manos, quería devolverse hacia el lugar donde segundos antes descansaba, pero no logro desprenderse pues era tanto su cansancio y su olvido de razón de ser que se le hizo imposible hacer un esfuerzo mas. Luego, lo depositaron sobre una mesa fría, lo recogieron unas manos suaves, eran las de una mujer, ella comenzó abrirlo y sintió como el aire jugaba en medio de sus hojas, así la mujer llego a su parte trasera, puso su espalda contra una rayo rojo que le provoco cierto cosquilleo, al momento lo humedeció como con una tinta negra ¡si! Era tinta negra, la cual seco inmediatamente.
Al final la mujer lo paso por una especie de tobogán –así le pareció- que le volvió hacer cosquillas. De nuevo fue depositado en la mesa de la cual el hombre lo recogió-pues era un hombre quien lo aprisionaba minutos antes-. Sintió cruzar un pasillo y la puerta grande de vidrio, un aire calido lo hizo dormirse de inmediato.

Después de un buen rato, empezó a sentir en medio del sueño que una sensación jamás experimentada por él lo invadía, sintió felicidad y a la vez un sin fin de sentimientos que él, algún tiempo atrás había anhelado vivir, entonces, fue en ese momento que comprendió estaba siendo leído, lloro, grito de jubilo o dolor, canto y rió de acuerdo a los sentimientos que despertaba en el hombre. Así aconteció la historia de cómo un libro volvió a la vida por medio de la lectura.

Samuel Salazar Blandon.

lunes, 19 de abril de 2010

Reza por mí.



“Reza por mí.
Si me quitas tu amor, ¿pa' qué quiero el corazón?
Anda reza por mí.
Si me vas a olvidar, necesito tu oración”.
Reza por mí. Draco Rosa.

“sin un temblor de más, me abrazo a tus ausencias que asisten y me asisten con mi rostro de vos. Pero el rostro de vos mira a otra parte con sus ojos de amor que ya no aman como víveres que buscan a su hambre miran y miran y apagan la jornada”. Rostro de vos. Mario Benedetti.

Para Harry Patiño Y Alejandra Saldarriaga.
Lo miro a los ojos, aun en ese momento ellos reflejaban la calidez del alma que tiempo atrás la había llevado a entregarse de manera total, pero ya era pasado y el candor del amor se perdió cuando el ser se acostumbro al otro, a su cuerpo, al brillo constante de los ojos.
-No puedo creerlo, son cinco años mujer ¡cinco años! –fue lo único que pudo decir en ese instante.
Ella siguió mirándolo fijamente sin pronunciar palabra alguna, veía en aquellos ojos al hombre fuerte y aguerrido contra las batallas de la vida pero frágil y quebradizo frente al amor, odiaba y a la vez amaba lo fuerte que podía llegar a ser pero lo débil que era cuando el amor lo suspendía de su razón o sus conocimientos, así que reconfirmo los temores que días atrás la habían atrapado cuando tomo dicha decisión.
-Tendría que haberlo dejado y ya, despedirme por medio de una carta. Pero no, no habría sido justo con él, debía esperarlo, hacer las cosas de manera correcta –pensaba Paula mientras le secaba las lágrimas que se desprendían por los ojos de Carlos.
-Reza por mí –le dijo con su voz potente y aguda, pero en ese momento resquebrajada- óyeme bien ¡reza por mi! Si me quitas tu amor, ya no quiero sentir, por eso si ya me olvidaste…
-¡Jamás lo haría!
-Ya lo hiciste, no me amas, jamás vas a recordarme con amor…
-Siempre te amaré, no sabes cuánto, solo que el amor no va a poder con esta costumbre –le interrumpió de nuevo. Paula iba sintiendo el desgarrar del alma; nunca llego a pensar en cuan dura podría ser una despedida y más cuando de quien se aleja es en quien se encontró todo, pero por culpa de la inconformidad renunciaba y huía, los seres humanos no afrontamos realidades, afrontamos miedos, de ellos escapamos porque nos confrontan con nosotros mismos, no somos capaces de existir.
Hubo un silencio triste, algo había muerto, algo se derrumbo, la incertidumbre y la orfandad golpeaban las entrañas, los cuerpos y los sentidos. Carlos concebía que todo se le iba tras de Paula. Le faltaba el oxigeno y por ello consideraba que no era capaz de distinguir entre la realidad y la fantasía, entre la verdad y lo que estaba sucediendo. Aun así, trato de recuperarse, erguir su dignidad y hablar de manera tranquila.
-Reza por mí por favor, sabes que me duele lo que me dices, me siento perdido –pero su dolor era más fuerte que su dignidad, Paula siempre lo desnudaba cuando aparecía en el mundo, por ello no resistió y sollozó en ese preciso instante -. No te pediré que te quedes, es tu decisión, tampoco suplicaré para que me des una nueva oportunidad, eres libre, no eres mía, nadie le pertenece a nadie, hay algo que en este momento nos distancia: la palabra pronunciada y sin embargo, ella no podrá si quiera consolar esta “soledad tan desolada” que estoy sintiendo… otro favor, abrázame, abrázame por última vez, quiero hacerte quedar en mis brazos que ya están vacios, sin ti, aun estando tu aquí la ausencia se va apoderando de mi.
Paula no pudo soportar tanto dolor en medio de los dos, dejo que las lagrimas desbordaran todo el padecimiento que le causaba este adiós, sin dudarlo se abalanzo a los brazos de él, le abrazo como si fuese la primer vez que lo hacía, pego su rostro contra el pecho de Carlos y lloro desconsolada, sabía muy bien que estos eran los últimos momentos de estar frente a frente con él, que era la última vez que sentiría ese cuerpo que tantos días y tantas noches la hizo gozar, la hizo sentir plena, ella, una verdadera mujer. Sería la última vez que estaba aferrada a ese hombre que tanto la amaba, ese que le había devuelto las ganas de amar.
Ambos lloraban como si fueran uno solo, de pronto Paula levanto sus ojos nublados por las lágrimas, miro la comisura de los labios escarlatas de Carlos, se acerco a ellos y los beso de tal modo que la saliva, las lenguas y el llanto se mezclaron en un sinfín de adioses, de palabras sobrantes y faltantes, no había nada más que decir, nada más que explicar pues todo fue dicho aunque fuese confuso.
Se separaron lentamente, abriendo los ojos justo en uno de esos momentos eternos que escasas veces aparecen en la vida, instantes sublimes de la revelación divina.
Carlos le acaricio el cabello y dijo:
-Iré a empacar mis cosas.
-No lo hagas, soy yo quien se marcha, no tu, además esta es tu casa, no puedo pedir que te vayas.
-No preguntaré si tienes otro, no viene al caso, ya te lo dije: nadie le pertenece a nadie… no pediré tú numero, ni donde vivirás, dejemos que la vida nos encuentre en cualquier calle de la ciudad o quizás del mundo… ¿ya empacaste?
-Me falta poco.
-Vamos, te ayudaré a terminar de hacerlo.
Subieron a la habitación, Carlos le ayudo a empacar los objetos personales, incluso insistió para que se llevase unos cuantos libros de él que Paula al leerlos los había convertido en joyas personales, “libros libertarios” los llamaba ella. Le cargo las maletas hasta el taxi, se las empaco de manera perfecta en el portamaletas, era consciente que Paula no podía dejar –ni en ese momento- de ser meticulosa con el orden, así fue que él aprendió a no vivir de manera desorientada para con su orden.
Le abrió la puerta del taxi, antes de montarse Paula volteo y trato por novísima vez de besarlo, Carlos aparto sus labios a tiempo y no permitió ni para ella ni para él ese otro adiós y, aunque lo deseaba con todas sus fuerzas prefirió la abstinencia, vivir a partir de ese momento del recuerdo.
-Prométeme que vas a ser feliz y vas a rezar por mí para poder dejarte de amar.
-Te lo prometo.
-¿Y rezaras por mi?
-Todos los días.
-Adiós.
-¿Solo eso?
-Creo que si… recuerda: todos los días.
-Sí.
-Sí.

Nuevamente hubo un momento de silencio, se miraban fijamente y sus ojos volvieron a nublarse, sin fuerzas fueron soltando sus manos que minutos antes habían entrelazado.
Paula se monto al taxi, el conductor lo puso en marcha y lentamente se fue perdiendo en la esquina de la calle donde Carlos vivía con ella, por donde camino miles de veces cogiendo la mano de su amada; el taxi se perdió por el barrio, por las callejuelas de su ciudad la cual le había dado tanto y siempre le quitaba algo.
-Reza por mi amor –se dijo entre dientes.
Entro a su casa ahora tan grande para él y sin ella, lo noto pero evito el sentimiento, se acerco a la pequeña licorera que tenía en la sala y se sirvió un Whisky. Paso tomando hasta entrada la noche. Estando ebrio salió de la casa grande y se dirigió al templo del barrio; allí frente al santísimo se arrodillo llorando.
-¡Oh señor…! Y rezo por Paula.
Al otro lado de la ciudad Paula se arrodillaba también al frente del Cristo de cualquier parroquia y rezo por Carlos.


Samuel Salazar Blandón.
19.04.2010.




viernes, 2 de abril de 2010

Hemos Soñado


Hemos soñado con nuestros
cuerpos desnudos,
yo por ejemplo en ellos fantaseo que
voy besando tu espalda,
recorriéndola como si fuera un mapa,
tierras inhóspitas por descubrir,
lamiendo los finos muslos, tu pequeñas
y perfectas caderas,
ansiando alcanzar tus labios, tocando
tu pecho ¡oh! Mujer sagrada,
mordiendo tu cuello, haciéndome
uno con tu frágil cuerpo,
dando gracias a la vida
por tan magnánime
ofrecimiento de los dioses
a este pobre mortal.

Entro con mi mano en medio de tus piernas
y allí
conozco lo que es el paraíso, la vida eterna
y bebo el elixir de la vida a través
de tu sexo ¡oh! Frágil mujer,
temblando de amor, de emoción
y lleno de ternura
por ver
tu sacrificio perenne, tu ofrenda
para mi antigua vida.

De este modo sueño contigo
cada vez que duermo,
o estoy despierto
o cuando no distingo lo real de lo irreal,
bello sueño,
desnudes eterna,
máxima representación
de el cielo y el infierno hecho
mujer.

viernes, 19 de marzo de 2010

No soy poeta.



¡Diablos! ¿Quién dijo que soy poeta?
Soy aprendiz de poeta
es todo,
no tengo el don
místico de la poesía
incrustado en los nervios
del cuerpo,
empleo algunas
palabras que expresan
lo que los labios
no pronuncian,
mas poeta no soy.

No lo soy.

Fantaseen, refieran o digan
otras historias,
por ejemplo podrían
hablar de mi adicción a la cerveza
y a los licores,
de mis dientes amarillosos
culpa del cigarrillo,
hablen que escucho música de
dinosaurios, que el rock
está muriendo –si eso fuese verdad-
pueden argumentar que tengo una
fijación siempre de carácter
sexual con las mujeres –todas-,
despotriquen de mis aficiones futbolísticas,
pero por favor, nunca, nunca
digan que soy poeta,
pues me ha de faltar la palabra,
la forma pura de explicar el mundo.


Busco la manera
de mantenerme vivo
en este lugar de muertos
quienes me llaman poeta,
¡por favor! No soy poeta,
soy un accidente de
la oración, donde mi único
caso circunstancial
es que los muertos
me llaman poeta, a mí, al más muerto
de todos los muertos.

Samuel Salazar Blandón.
08.03.2010.

martes, 16 de marzo de 2010

Perdido En el Hades.


Perdido en el Hades,
no encuentro las dos
monedas para
darle al balsero,
el torso me duele de cargar
esta vida,
el alma agobiada por
la espera,
aquí en la orilla,
el país de los
muertos
aun es lejano,
ni mis ojos agudos
logran desaparecer
la tierra baldía,
vigilo de día y de
noche,
nadie viene a mi
encuentro,
estoy parado en medio
de la muralla
helénica y
esta
vida
que me mantiene
de pie
observando
como mueren
mis hermanos
los Aqueos.

jueves, 11 de marzo de 2010

Oda Nocturna.



Cual gloriosa sensación
eres mujer de tés morena,
oda nocturna
magnifico momento,
labios nacarados,
triunfo de la vida sobre la muerte.

A lo lejos te contemplo
no lo sabes,
pero eres mi palabra,
verso fino y eterno,
me impregno de tu perfume
incienso celestial,
estas hecha de amor dulce
y agua salada,
caminas entre nubes, con los
tobillos desnudos,
pisas las praderas
te sostienen los girasoles, yo te
vuelvo poesía
y cuento
¡Literatura viva!

Sorbo tus miradas lentamente
eres la miel del Olimpo,
reclamo tu tierra
–inhóspita mujer de las Indias-
en nombre del amor, convoco
a los cuatro vientos para que
mesan tu cabello en
una sutil brisa.

Te vas develando en los
confines de la tierra
estoy al otro lado
sin rumbo, se que
estas cerca
lo siento, tu olor
a Silvana me lo dice
así que decido buscarte
¿Dónde? Donde sea necesario,
esperar jamás, la espera
vuelve amarga, simple y vieja
el alma.
Quisiera nacer de nuevo
¡Oh mujer de tés morena!
Salir de tu vientre,
ser tu hijo,
juguetear en tu regazo
y volverme niño
con el único animo
de estar a tu lado.

jueves, 11 de febrero de 2010

Quiero hacer el amor con vos.


Quiero hacer el amor con vos
bajo
la luna
o
la lluvia,
las estrellas o las
nubes espiaran
este magnánimo momento,
beso tu cuello
y el viento ayuda a poner
tus pezones
duros como
melones
pero suaves cuan duraznos,
meto mi mano bajo tu falda
y hago que ardas
de pasión
que humedezcas el mundo
y que te conviertas en
un mar
de estremecimientos,
mi mano camina tu espalda,
mi lengua por tu boca, mi otra mano
en la vida eterna,
yo danzo con los lobos
desnudo,
mi alma
frente a la tuya,
te hago mía, me hago
tuyo,
nos hundimos
en un profundo rose de la piel
al tiempo que nuestras carnes, huesos,
sudoraciones y salivas
se vuelven uno,
nos confundimos
y nos permitimos
en la multitud de
sensaciones
amarnos, desearnos
y
sentirnos.

lunes, 25 de enero de 2010

Se marcho el 22 de enero.

A María Celia Salazar de Blandón.

Mi abuela.

Escrito tres días después de morir.

Se marcho el 22 de enero,

partió,

ha de encontrarse

con sus antepasados,

sus congéneres

que partieron

antes que ella,

antes que el alba,

marcho llegando el crepúsculo,

emprendió el camino

porque había aprendido

todo lo que la vida

quería enseñarle,

en un sueño profundo

se hizo halito de

vida

y, aquellos

que le sobrevivimos

estamos impregnados de ella,

de su recuerdo.

Le permitió Dios

el gran misterios

del soñar eterno,

en poderse esconder

tras la mirada

de los suyos,

hablar aun

por medio de otras

bocas, otros ellos

que no son mas

sino

la prolongación

de su ser.

Ha marchado el 22 de enero,

en el momento en el que la mañana

se le nublaran las horas,

la tarde llorara con lagrimas

cargadas de un sol no

hostigante

sino melancólico.

Marcho el 22 de enero

porque así tenía que ser,

porque Dios le concedió

este privilegio,

porque simplemente ella,

mi abuela, ya no le

pertenecía a este mundo,

pues habría de permanecer

en los eternos

recuerdos de sus hijos,

de los hijos de sus hijos

los cuales la llevaremos

dentro de si

hasta que el

todo poderoso

nos invite a encontrarnos

con ella,

es decir,

cuando al caer el alba y comenzar el crepúsculo

añoremos encontrarla

en este camino

labrado por mi abuela.

25.01.2010.

Tiene 97 años.

A mi abuela María Celia Salazar de Blandón.

Escrito cuatro días antes de morir.

Tiene 97 años

y ayer en la noche

mi abuelo

vino por ella,

la ha esperado por

más de 50 años,

ha sido arduo

el tiempo

de esperarlo

y de él estar preparado

para ello.

Quiere volver al lugar

donde tiempo atrás

lucho de manera

aguerrida

por su familia

es un centurión de la vida

una dama eterna.

Ya lo que queda de

ella son los recuerdos,

sus hijos,

nosotros,

los hijos de sus hijos,

donde ella

podrá habitar o,

hasta cuando el último vestigio

de los Salazar

–y de los Blandón también-

exista bajo las luces

del sol,

los fríos de

las noches.

Mi madre y sus hermanos

son grandes representantes

de su tesón

ella les infundo

el sentido de la tierra,

la necesidad de volver

a lo esencial,

de no olvidarse

lo que son.

lo que somos:

hijos de ella,

matrona antioqueña

donde se convierte

en el

todo familiar

¿Qué será de nosotros cuando

ella ya no nos

acompañe?

Lo único que puedo asegurar

es que hoy soy

lo que es mi madre,

la madre de mi madre,

mis antepasados,

todo lo que podré

ser será por ella

quien ha podido

trasmitirlo

a través de mi mamá

Blandón,

por medio de sus

ojos que cuando

los miro

encuentro la paz de mis

ancestros,

de ella que tiene 97 años

y ayer en la noche mi abuelo

vino por ella.

18.01.2010.

jueves, 14 de enero de 2010

Me Quiero Esconder



Me quiero esconder


en tu cabeza


y saber qué piensas,


con quien sueñas,


¿quizás con mis palabras que se


vuelven vida


en tus labios,


tu mirada, tu ser?


Mas, sé que no puedo


alcanzarte –estrella fugaz-, que


este amor no puede ser,


todo contigo es


prohibido, casi perdido.



Tal vez en otras épocas,


otros lugares habrías sido mía,


así los demás


mirasen mi servidumbre


-hincado – por vos


¡no me importa! Pues miro


que tu


estas dentro de lo que


no digo,


que te vuelves tan inverosímil,


tan lejana,


esto me asesina,


hace que te vea lejos,


“ojos de niña en cuerpo de mujer”


… sos lo que


siempre soñé


pero lo que no


podré alcanzar.


Ahí, ahí se va


mi ilusión,


las ganas de


ser de nuevo


un poeta,


un verdadero


escritor.


12.01.2010.

martes, 5 de enero de 2010

Propósitos para año nuevo.



Escritos por un muerto.



Soy un muerto, estoy podrido, podrido de manera literal, llevo más de dos años viviendo en esta fosa la cual lleva el apellido de mi familia y hoy día mi nombre, esto es provisional, pues en un año y seis o siete meses será sacado lo que queda de mi y será llevado a otro cementerio pero de huesos.


Mientras esto sucede, he decidido hacer mis propósitos para el nuevo año 2010, año de mundial de futbol, reelecciones de futuros muertos –y esos sí que los gusanos se los comerán pronto, las carnes que más les gustan son las de políticos, cardenales, obispos, curas y monjas, las que menos le gustan son la de los pastores porque es carne dura, de tacaño y usurero-, año, según dicen, van a sufrir mucho los vivos porque habrá sequia y, obviamente, todos se verán perjudicados. También como es costumbre, morirán personajes de la farándula criolla e internacional. Pero estos no son los casos de este manifiesto público o, como lo llame “propósitos para año nuevo”, mejor los escribo de una buena vez.


1. Podrirme lentamente para no dejar este mundo tan pronto, es que se abandona la tierra cuando la carne deja de ser carne y se convierte en polvo.



2. Procurar no ser olvidado, por ello, iré a visitar día y noche a mis familiares de esa manera no podrán dejarme de lado, así este obseso y, a la vez, las palabras del también muerto Manuel Mejía Vallejo no se cumplirán “uno se muere cuando lo olvidan”.




3. Dejar de hablar tanto de la eternidad, esta es solo un concepto un poco filosófico y muy religioso, y por ser concepto se queda en eso, el ser humano vive lo que tiene que vivir y si le faltó algo mas por hacer entonces le ha quedado una deuda que no podrá pagar así mismo.



4. Recibir con agrado a mis familiares, amigos y enemigos que fallecen para poder recordar con ahínco lo que se ha ido con la vida, con la tierra.



5. No creerse más un vivo, los vivos saben menos de la vida que los muertos de la muerte, pues quien está muerto anhela estar vivo y quien esta vivo desea nunca ser un muerto.



6. Tratar de buscar un vestido acorde a las noches de frio, pues con el que fui enterrado ya esta viejo y corroído, por ende no me calienta mis pobres huesos descarnados, este vestido no es el apropiado, ese es el que cree la familia que mejor me quedaba, pero quizás nunca tuvieron en cuenta mi humilde opinión de difunto o futuro difunto.



7. Dejar de discutir con los gusanos, al fin y al cabo “el hombre es lobo para el hombre”, “el perro es lobo para el perro”, “el hombre es comida, carroña para gusanos”.



8. No pensar cual presidente fue mejor y cuál fue el peor, para que discutir cosa de los vivos si al igual que los políticos, todos van a terminar aquí como estoy yo, iguales somos todos, estamos hechos de carnes, agua y hueso, cuando eso termine, seremos abono para plantas o jabón de tierra. Todos, sin excepción, hasta el mejor y el peor presidente de los vivos.



9. No escribir mas ni poesía, ni cuentos pues los muertos no leemos, solo sabemos esperar tal y como lo hacen los vivos -¿Qué esperamos?-, tal y como lo hacíamos cuando estábamos vivos. Fuera de ello, la editorial mortuoria ha quebrado y por tanto ya no publican “cuentos del mas allá”.



10. Dejar de escribir propósitos para año nuevo, para que propósitos si ya estoy muerto, y mi único objetivo como muerto es ser un muerto, supuestamente vengo a descansar, pero mentiras, vengo para ser un muerto mas, para llenar una bóveda mas, en la cual seré reemplazado pasados cuatro años.



Así que estos son mis propósitos, aunque ya no sé si los lleve a cabo.