lunes 21 de septiembre de 2009

La lucha de un estratega.


“Si continúas haciendo siempre lo mismo, obtendrás siempre los mismos resultados. Para conseguir algo nuevo, debes hacer algo diferente”.

Albert Einstein.

Estábamos en el momento más álgido de efervescencia, Susana trataba de quitarme las ropas de manera atosigada, es que el ron funciona siempre y cuando es acompañado de palabras exactas y de besos que hacen de las suyas. Susana siempre era tierna y sutil en la cama, bueno, eso no lo podía saber, pues fue Gabriel quien me lo dijo alguna vez, es que él solía contar con detalles sus intimidades. Sin embargo, esa noche, Susana no era la que me habían descrito.

Lo primero que hizo al sentir la impotencia sacar los ojales de mi camisa fue arrancarme de un solo tirón el resto de botones. Me sorprendí al notar su fiereza, mientras esto sucedía, ella sin darme tiempo de quitarle su blusa, ya se había desprendido de ella, en un abrir y cerrar de ojos, vi sus abultados senos atrapados en el sujetador rosado.

-No me imagine que fueran tan grandes –pensé al tiempo que Susana, sin dejarme asimilar la magnitud de sus pechos ya había bajado mi jean has un poco más allá de mis rodillas.

Yo que no había escatimado el grado de excitación de Susana pretendí ir mas despacio, cuando ella me tumbo en la cama, me saco los zapatos, las medias, bajo los bóxer hasta emparejarlo con el jean y los saco de mi cuerpo a la vez ¡estaba desnudo! Completamente desnudo. Al mirarla me percate que ella también estaba con su mejor vestido: la desnudes. Recorrí su cuerpo con la mirada, arriba-abajo, en ese preciso instante sentí ascender a los cielos, pues Susana pasaba su lengua por mi sexo, sentía como su boca se convertía en la combinación perfecta entre el Hades y el Olimpo, solo pude agarrarme de las sabanas para no volar.

No entrare en detalles –no soy como Gabriel que le cuenta todo a todos los que conoce- solo bastará con decirles que después de los “juegos previos” tome conciencia que Susana no era la mujer que me describían en esas noches de cervezas, rock y cigarrillos, pues su intensidad mostraba lo contrario –ya lo había dicho anteriormente-; llego el momento en que la flor debía abrirse para que la abeja tomase el polen y, justo cuando mis deseos habían sido llevados al borde, cuando mis instintos estaban dirigidos a escudriñar dentro de ella, me lanzo la siguiente premisa:

- ¡Ponte el condón! –lo dijo con la respiración fuerte y la voz entrecortada.

- ¿Qué? –le respondí como abstraído de la realidad.

- Que te pongas el condón, yo no planifico, además no se con cuantas te has acostado.

Sentí volverme pequeño, estaba agitado –al igual que Susana- ¡les juro que así estaba! Sus formas me tenían trasmutado, ya lo había logrado, la había llevado a mi casa, a mi cama y, por culpa de la emoción se me olvido conseguir un condón ¿Qué clase de hombre podría ser que no contaba con uno en ese momento?

-¡Póntelo ya! Es necesario.

“Tuve que dejar de hacer el amor en el momento”, en silencio me levante de la cama, busque un abrigo, me lo puse.

-Tienes condones ¿verdad?

Camine hasta salir de la habitación, mientras escuchaba como me gritaba:

-¡Samuel! No me podes dejar así, no lo pienses, no lo vayas a intentar –me decía en un tono mezclado de pasión y rabia.

Recogí el paquete de cigarrillos que estaba al lado de La Montaña Mágica de Thomas Mann, saque un cigarro, luego puse de nuevo la caja al lado del libro, lo encendí, mientras que mis ganas de Susana aun estaban carcomiéndome, la pasión quemándome y la impotencia a flor de piel.

-¡Soy un tonto! –Pensaba y fumaba- ¿Cómo no lo planifique? – en el fondo de la habitación ella siguió gritando improperios en contra de mi existencia.

La invite a salir porque siempre me ha gustado, les juro que planee todo, absolutamente todo, desde la forma correcta de invitarla, hasta el bar, las palabras que diría a lo largo de la noche, el trago y la forma de besarla y lo mas sencillo he importante, no lo llevo conmigo ¿Cómo es posible que aquí en mi propia casa no tuviera un miserable caucho que fuera responsable de una felicidad desaforada la cual pudiese alcanzar arropado en el cuerpo de Susana?

No lo podía creer.

-¡Samuel! Sino vuelves ya aquí con un maldito condón, olvídate que me conociste.

Que imbecil, pero ¿Qué podía hacer? Estaba claro que no era un buen estratega, si hubiese sido militar tengan la certeza que estando en plena batalla habrían acabado con mi pelotón y conmigo en una emboscada.

-Los dioses vuelven a jugármela ¿Qué les he hecho para que me castiguen de esta forma?

En esas disertaciones estaba, cuando Susana apareció vestida y con rostro de enojo.

-Me voy –dijo-, no me vuelvas a buscar, eres un… -en ese instante se volteo, tomo del mueble contiguo a la mesa su chaqueta y se dirigió hacia la puerta.

Vuelvo y lo digo ¿Qué más podía hacer? No tenía cauchitos que me alegraran la vida.

De pronto, ahí lo vi –bueno… vi no, lo recordé-, estuvo todo este tiempo frente a mi, dentro de la gaveta, no lo recordaba, pero días atrás me lo habían dado en el centro, en una de las campañas que la alcaldía solía hacer, lo recibí aun sabiendo la vergüenza que me daban este tipo de regalos en la calle, lo hice totalmente sonrojado; inmediatamente lo sauce, ¡si! Era un modelo para armar, mas deseaba nunca desarmar.

Mire tristemente a Susana y como pretendía abrir la puerta hacia la calle, pero era tanto su enojo que no le permitía hacerlo, así que corrí hacia la puerta, la detuve, ella se negaba, la encerré con los brazos y mi cuerpo, de una manera abrupta la voltee quedando su rostro contra la puerta y le subí la falda.

-No hay tiempo que perder –le dije.

Y justo cuando… bueno, no soy Gabriel, no les contare lo que sucedió.

Días después Susana me dio como regalo unos cauchitos –que aun me da pena recibir como regalo- con la siguiente inscripción: “es para gastar, pero solo conmigo”.

Samuel SB.

13.06.2009.

miércoles 26 de agosto de 2009

Grito.


Hablando tanto

Con los silencios,

Escogiendo

Lo que se anhela ser,

Hay lugares en

Los que reprimo

Las ganas de gritarle

Al mundo,

Por ello,

Me aleje de las

Nimiedades llamadas:

Amistad, amor, poesía.

Ya no quiero huir,

Cansado de esta sangre

-Derramada no por mí, sino por otro,

Más soy culpable por no gritarlo-

En mis manos,

Trato de lavarla,

Pero es como tatuaje,

Es la sangre

De mis hermanos

Que corre

Por la cordillera,

Esparcida por las calles

De las ciudades,

Aferrada a los engaños de

Mis manos.

Es que la miseria de los tiempos

Se impregna en

Las ropas que utilizo para

No morir de frío;

Soy como barco

Sin rumbo,

Debocado, dando

Giros por el mar.

¡Dios me ha abandonado!

¿Dónde queda el norte?

No lo se…

Allá están esos

Que con sus armas asesinan

La libertad,

-Mejor ir hacia el sur-

Pero es territorio de hombres

Cuyo símbolo

Es el martillo,

Luchan “por el bienestar del pueblo”,

Así que no hay como escapar,

Hemos perdido,

Somos más,

Pero sumisos nos

Hemos vuelto

Ante pocos que empuñan

El martillo y

Los otros que hondean

El símbolo patrio.

Por ello,

Entrare en la cueva,

En la oscuridad de

La noche,

Le gritare

A mis pensamientos

Que callen

Y daré mi último

Suspiro

En medio de

Tanta incertidumbre.

27.08.2009.

Samuel S.B.

miércoles 29 de julio de 2009

Telekinesis.


Lina, Dalia, Juliana Y Jessica.

Mujeres eléctricas.

-Déjala ser, déjala sacudirse bien –le digo a Felipe quien trata de acapárala.

-Ella vino conmigo, así que no hay trampa en esto.

-Esa nena baila tan rico, con tanta electricidad que las paredes se pueden caer –grita Andrés-.

-Pipe ¡no esperes más de mí! –le dice la nena eléctrica- hoy vine con todos, yo decido con quien hacer las cosas.

Separa su cuerpo de Felipe, se desprende de él y comienza a bailar sola, libre, celebramos su decisión y tratamos de acercárnosle.

Me arriesgo, le bailo por detrás, tratando de alcanzar su cuerpo por atrás, a la vez Felipe se le acerca por delante, ella, mientras tanto, con su mano derecha agarra mi cabello y su izquierda toca sus pechos por encima de la camisa amarilla que lleva puesta, luego la va bajando lentamente por su abdomen, llegando a su sexo; empuja a Felipe y volteándose pone sus manos en mi trasero.

-Esto es una telekinesis Samuel; ¡vamos! No te detengas, frótalo contra mi vagina, pero recuerda Samuel: no esperes más de mí.

-No espero nada de ti –le digo al tiempo que voy sintiendo mi jean apretarme- solo que la noche lo determinara con cual de nosotros te quedas.

-No te lleves esa idea Samuelito, tú no lo vas a ser, ni siquiera Pipe.

-Jajaja… Ceci, eso es lo que tu crees. Mira, baila con él que quieras, sedúcelo, excítalo, si quieres –y estas en todo tu derecho- lo puedes besar, pero te juro que al terminar la noche, o antes, habré levantado tu falda y saciado mis ansias de ti.

Cecilia ríe, yo simplemente la dejo ser, la dejo que se sacuda y que se mueva como ella lo hace, mas tarde su cuerpo se abrirá y va a querer que le levante la falda, para que cuando termine dentro de ella me toque decirle:

-Cecilia, mejor es que seas tu la que mejor no esperes mas de mi –como suele acontecer siempre que nos encontramos.

Silencio.


Para Eliana Castañeda Cifuentes.

Se que llamas en las noches,

no hablas,

voz silenciosa,

te escondes en la oscuridad

de las palabras sin

pronunciar,

en esos suspiros

ahogados,

imposibilitados

por las culpas del pasado.

¡Vamos! Soy yo

¿Por qué no hablas?

¿a que le temes?

Quizás sea la

poca moral

que nos queda,

la fuerza necesaria

para que el

silencio

te deje desnuda

al otro lado de la línea

en la que no hablas,

mis pensamientos

saben

que son ellos

la ausencia

de tu

voz.

lunes 29 de junio de 2009

Observándolos, Van Y Vienen.


Para Andres Aristizabal,

Jhonnatan Berdugo y

Juan Carlos,

Grandes observadores de la vida.

Me acabo de tomar la primera cerveza de la noche, pido la segunda, cuando uno esta solo en un bar, como lo estoy en el momento –ya que Juliana debió marchar, culpa de la irracionalidad colombiana, por eso ¡Colombia es pasión!-, se piensan tantas cosas, sobre todo si se esta sentado en la barra.

Al tiempo, ves pasar la gente, entran, en multitudes o solos como yo, otros salen… mujeres, hombres, gordas, gordos, flacos y flacas, mechudos, calvos, con gorras, sin gorras, rubias, morenas, pelirrojas, altos, bajos, hombres con rostro de sospechosos, como si un delito atroz los llevase a cargar con esa culpa en sus cuerpos, mujeres sexys y provocadoras, las cuales vos sabes que no podrás poseer ¿o si? Todos van y vienen, es un desfile de seres necesitados, como todos, de algo.

Yo los observo, me detengo poco en las cuestiones oculares, pues las considero aberrantes si uno las vislumbra demasiado, allá en los parlantes hace un instante sonaba “Like Stone”, canción que le dedique hace dos años, en este mismo lugar, a una nena cuyo nombre termina en Ela, Ela sabe quien es; ahora suena “Down” de los Stones Temple Pilots, yo sigo escribiendo, y la gente sigue pasando por mi lado, absortos quizás por algún comentario o, en muy pocos casos, casi alcanzando el Nirvana, culpa de la “conquista” realizada esta noche, otros se quedan riendo aquí, en el bar; ninguno lo sabe, pero la verdad los observo.

Hay cinco tipos en la mesa diagonal a la barra jugando Poker –me hacen recordar a los “muchachos”, así llamo a esos otros tipos que estudiaron conmigo en la universidad y que, siempre que bebemos lo jugamos-, yo esa mierda no la he aprendido a jugar, considero que con ella se le deja mucho a la suerte, cosa en la que no creo, y si juego al Poker, le estoy dando la posibilidad de existir a esa imbecilidad que el hombre ha asumido como verdad. Sin embargo, todo es posible en la vida, todo, incluso de que yo pueda ser otro.

Pensé antes de escribir en hablar de literatura, pero que mas literatura que la habitualidad del hombre, ese que va y viene en los bares, al igual que en las calles, en los buses o en el metro. La habitualidad nos consume, no pensamos en esos cronopios ofrecidos por Cortazar, en esa “sencillez” de la vida ¿Será la palabra correcta? Simplemente nos vamos habituando y ya no pensamos en las cosas triviales o llanas, nos preocupamos mas por las “trascendentales”, sin embargo, nos da igual estar conscientes de que esta mierda que llamamos vida esta hecha de habitualidades.

Eso es la literatura: hablar de lo sencillo y volverlo grande, mejor sigo siendo igual al resto que va y viene en todo lugar, dejo de pensar tantas cosas y me pido la tercera cerveza:

-¡Dame otra por favor!

domingo 28 de junio de 2009

Danza Rota


“…hay anarquía en mis movimientos

y al mismo tiempo
alguien los controla,
se van cayendo mis ligamentos
yo no puedo ser libre sin vos”.

Soda Stereo.

Las luces golpeaban mis ojos, parecían quemarlos, mientras eso sucedía, me movía de manera anárquica, libre, no tenia poder sobre mi cuerpo; todos también danzaban al ritmo de la canción –de Soda- como dejándose consumir por los sonidos descarados de la guitarra, la batería, el bajo y el sintetizador.

La verdad no deseaba estar así, es decir, solo; ya les dije que todos bailaban –es que suelo ser repetitivo con las frases-, pero, a la vez, se apretaban, se sacudían, rozaban, tocaban, acariciaban en la pista. A un costado del bar me encontraba –parecía escondido en ese rincón- con esos movimientos perturbadores de mi cuerpo, mirando a cada una de las parejas que estaban allí. El calor excitaba cada vez más los cuerpos, mi ser pensaba en Eliana.

-Es un castigo –me decía para justificar la ausencia de ella.

Y para colmo esa maldita guitarra me hacia mover de extremo a extremo.

-Prisionero soy –pensaba- de este ritmo cruel, yo aquí recordándola y bailando esta danza rota ¡quiero escapar!

Daba vueltas y vueltas sin parar en ese pequeño rincón del mundo.

-No soy ser libre ¿Qué carajos puedo hacer?

La había perdido tiempo atrás, no gozaba de la libertad que da la ausencia del amor; necesitaba una pista –por lo menos- para hallarla… ¡danza rota!

-Pero todo andaba bien –me dije-, estoy aquí, con mis amigos, bailando, solo, pero bailando, queriendo moverme así para engañar su cuerpo, ese que no esta ¿Quién sabe que sabanas blancas consumían el sudor de su cuerpo en este momento?

Me movía al ritmo de la canción, quería una cerveza, pero estaba convencido que si salía de ese rincón del mundo, que me lo había auto asignado, la perdería de nuevo de la memoria como la perdí un buen tiempo atrás.

-¡Baila conmigo Samuel!

-¿Qué dices?

-Que bailes conmigo, hazlo como sueles hacerlo siempre.

-¿Cuándo llegaste?

_Hace un buen rato, te observaba desde la barra ¿quieres bailar o no?

-¡Claro! Estaba pensando justo en ti.

¿Si? Recuerda que la imaginación es la gran embaucadora de la verdad… ven, pégate a mi.

-Pero, ya se va acabar la canción.

-No importa, quiero sentir tu cuerpo aferrado al mió.

-Esta bien, solo promete que esta noche no te iras.

-Lo prometo, con la condición que no te vayas a zafar de mi.

En ese instante reaccione, tome aire profundamente, sentí de nuevo ese calor excitante en el ambiente, me abrí paso en medio de la multitud; llegue a la puerta, volví a respirar hondamente, ahora el aire era frió pues ya llegaba el alba, cruce el umbral entre el bar y la entrada, empuje la puerta que daba hacia la calle, me puse la chaqueta, al momento pare un taxi, me subí.

-Lléveme Aranjuez –le dije al conductor-, tenia razón mi cabeza “la imaginación es la gran embaucadora de la verdad”.

-¿Cómo dice? –me pregunto el taxista.

-No me haga caso, salgamos a la avenida Oriental. Por favor.

jueves 4 de junio de 2009

Desvaneciéndose


El hombre

animal de costumbres,

se pierde

entre las selvas

de estas

ciudades

 de cemento.

 

No se esconde,

al contrario,

no quiere ser

carroña

para Gallinazos,

por eso

va hacia donde

lo llevan sus pies,

mas sangran estos

de tanto caminar, de tanto

mezclarse

con el lodo,

las piedras,

los vidrios;

ha perdido

los recuerdos

de su

tierra.

 

El hombre

ya  no es

un súper hombre,

ha quedado muerto,

Dios ha muerto,

los filósofos

de igual modo

como aquel

que mataron

por negligencia

conceptual murieron,

los filósofos

han muerto para

el mundo,

solo

quedan sus palabras

que

lentamente

se las va

llevando

la marea

de la tarde

inclemente.