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lunes, 22 de agosto de 2011

Efigie Griega


Se yergue el falo cuan portentoso héroe griego, vos Helena, Aquea enamorada del bienhechor Paris, haces que el falo se instale inconmovible  en medio de mis enérgicas piernas, a la espera digna de tu jugosísima vagina; yo deseando juguetear con mis dedos dentro de tu virgo, anhelando mojar con mi lengua tus labios eternos, seductores de serpientes, jadeante de ganas por vos, por tu cuerpo, por tu piel.


Entonces mis ansias se desnudan apoltronadas ante ti, tu boca  sedienta, ya te has entretenido lo suficiente con mi sexo en tus commissures, en tus manos     –también- que lo han agitado de tal manera que el cielo se abrió y fue testigo resentido del acontecimiento místico, de mi sexo dentro de tu sancta sanctorum y de mi alma arrojada en cada parte de tu ser.


Me duermo aferrado a tu cuerpo, efigie griega, sueño con nubes de lenguas que te recorren y te convierten en un monumento de la pasión, yo gozo de tal imagen sentado al lado del buen padre Zeus, y me maquino por vos, mi semilla queriendo regar tus campos ¡Oh, Afrodita! Deseando derramarme en tu espalda, convirtiendo todo en una fiesta dionisiaca, en honor de tu existencia y la mía.